Tiendo a tener aprecio a las películas catastrofistas que dan por sentado que la humanidad, tarde o temprano, llegará a su fin. Fruto de mi mente macabra y desencantada con la misma humanidad que se autodestruye y que ha hecho de este mundo el pozo de mierda que es hoy -o que va camino de convertirse, por si algunos dudan todavía de la gravedad de la crisis internacional; por cierto, ayer tres bancos europeos necesitaron de la ayuda de sus respectivos gobiernos británico, alemán y belga para sobrevivir-, sí, pero divertido a fin de cuentas. Mi atracción psicológica por las películas que muestran el mundo en ruinas se debe, también, en parte, a que no hay mayor satisfacción y sensación de seguridad que ver cómo el mundo se derrumba en la televisión mientras tú estás sentado en el sofá tomando un café. No lo negueis, a todos nos mola el fin del mundo y sus derivados de ficción absoluta.
Aunque no siempre el día final llega por medio de una elegante paranoia de cualquier director americano. En este caso el fin del mundo no se debe a ninguna guerra, ni ninguna catástrofe natural, ni ninguna invasión alienígena. Se debe, principalmente, a nuestra propia biología. Hablo, y los pocos que sigais con cierta asiduidad el blog lo habreis comprobado por el post anterior, del virus de la rabia que se propaga a la velocidad del rayo en Gran Bretaña fruto de la mente de Danny Boyle, el director de Trainspotting. Hablo de 28 semanas después, la película que completa a 28 días después y que está dirigida por un español, José Luis Fresnadillo. La historia es simple. Un día cualquiera unos ecologistas muy solidarios ellos liberan de sus jaulas de experimentación a una serie de monos infectados con un virus experimental, el de la rabia. La liberación de los monos enrabietados provoca que se infecten los propios ecologistas y... Aquí viene lo bueno, se convierten en auténticos zombis afectados por la ira, cuya única misión en su desgraciada existencia es asesinar lo más brutalmente posible. En caso de no asesinar, muerden cual vampiros y contagian al ser humano próximo, provocando que se vuelva otro rabioso de cuidado.
Quizá sea algo idílico. Pero su base tiene sentido. Obviando que los seres humanos se convierten en máquinas de asesinar a sus congéneres, la posibilidad de que un virus mundial amenace la existencia de los seres humanos hasta el punto de provocar la desolación total de la población y el abandono de la forma de vida que conocemos hoy en día es más que probable en un futuro. Me explico, ya que si no se entiende bien puede parecer que afirme que en el futuro un virus letal afectará al mundo. Letal no lo sé, ni creado en laboratorios, pero los científicos más expertos en enfermedades víricas y demás turbios asuntos ya afirman que en veinte años aproximadamente volverá la epidemia de la gripe española que a principios del S. XX mató a casi 50 millones de personas en todo el mundo. En el fondo, lo de la gripe o virus variados, es una manera más de alertarnos de lo que vendrá en el futuro. No sabemos muy bien qué, pero algo, acabará con nosotros, y probablemente por nuestra propia culpa. En lo que concierne a la película el final es algo inquietante si tenemos en cuenta que el virus se encuentra aislado en Gran Bretaña. No diré más, tan sólo: propagación, París.
Vía | Wikipedia, El País
Imagen | Blog de Cine
















