[Fraga, en un primer plano nada favorecedor, entendamos, al frente; Bárcenas, con la cara habitual de niño malo y listo, la de robo y no se enteran]Leyéndo este artículo uno atisba perfectamente las líneas maestras de la defensa del Partido Popular en la Trama Gürtel. Ayer el Tribunal Supremo imputó al tesorero del partido por lo que, en resumidas cuentas y yendo al grano, están metidos en un pozo de mierda gigantesco hasta las cejas. O no, quien sabe. Escuchando las declaraciones de los adalides de la democracia, la libertad y la justicia uno comprende que todo, en términos genéricos, no es más que una cacería infame promovida desde las altas instancias del Gobierno. El mismo rojo y masón que pretende borrar la historia de un plumazo, permitir a los inmigrantes tomar España, romper la familia y, oigan, lo último: tratar a los homosexuales como equilibrados mentales. Ese Gobierno sectario y opresor que inicia camapañas de imagen contra los nobles e inocentes cargos populares injustamente acusados de corrupción. Todo eso en boca de un sólo hombre, probablemente el único inocente. Mariano. Él.
Independientemente de lo que la Justicia afirme en los meses venideros, me llama poderosamente la atención la desfachatez y la falta de ética con la que el PP se pone un traje —ojo a la fina ironía— diferente para cada ocasión, obviando el pasado y la elegancia de la que debiera hacer gala un partido político que es capaz de aglutinar el voto de más de diez millones de personas. Resulta que ahora prima la presunción de inocencia, que para eso esto es una democracia. "Vamos a defender la honorabilidad del PP y de sus militantes, inocentes hasta que no se demuestre lo contrario", afirma Mariano. Inocentes hasta que no se demuestre lo contrario. La frase más repetida por el líder conservador. Bien, aceptemos tal axioma puesto que en una democracia simpre prima la presunción de inocencia a la presunción de culpabilidad. Aceptémoslo puesto que jamás conviene alcanzar las cotas de miseria humana que ellos alcanzaron y siguen alcanzando cada vez que el 11-M sale a relucir. No hace falta irse muy lejos. Cerrado el sumario, el PP aún acudía al Congreso convencido de que, en efecto, había sido ETA. Y culpable el Gobierno, culpable la policía, culpables los forenses, culpables los operarios de Renfe y culpable la opinión internacional que no movió un dedo por frenar tan infame golpe de Estado. De la presunción de inocencia, o del respeto a la Justicia, ni el más mínimo rastro.
Ahora bien, no era la primera vez. A principios de los noventa el PP se había regenerado tras la retirada de Fraga y la broma barata de Hernández Mancha. Aznar comandaba con mano de hierro el partido a pesar de que el PSOE parecía invulnerable. Invulnerable hasta que comenzaron a estallar los casos de corrupción. Especialmente sangrante fue el asunto de Juan Guerra, hermano de Alfonso Guerra. Juan Guerra accedió a la Delegación del Gobierno en Andalucía y utilizó su despacho para quehaceres personales, esto es, para enriquecerse ilegalmente. La oposición saltó a la palestra, Aznar al frente, para acusar a Juan Guerra de cohecho, fraude fiscal, tráfico de influencias, prevaricación, malversación de fondos y usurpación de funciones. Juan Guerra fue juzgado y culpabilizado, únicamente, de fraude fiscal. Del resto, ni rastro. De la presunción de inocencia, mejor ni hablar, puesto que el Caso Guerra se cobró la cabeza de Alfonso Guerra, Vicepresidente del Gobierno. A pesar de no haber prueba alguna de que Alfonso Guerra estuviera involucrado en el asunto. Todo valió en su día.
Y por último pero no menos lamentable, Demetrio Madrid. Verán, Madrid, que gobernaba con estabilidad la comunidad por encima de AP, es juzgado por el Tribunal Supremo por un caso laboral en una empresa de su propiedad. Imaginen el panorama. Alianza Popular no cejó hasta conseguir que, ante tamaño escándalo —aún sin sentencia por parte del TS—, Madrid dimitiera de su cargo en favor —corría 1986— de un joven y audaz José María Aznar. ¿Alguien recuerda qué dictó el Tribunal Supremo respecto al caso laboral? Demetrio Madrid inocente. Daba igual. Su imagen ya había sido dañanada y AP, precedente del PP, ya había cargado las tintas contra el presidente, inocente, pero culpabilizado en todo un obsceno ejercicio de cómo ser un cabrón sin ética. Hoy Rajoy espera que prime la presunción de inocencia. Eso espero yo también. Es un derecho, en eso consiste la justicia. Eso sí, conviene recordar qué clase de verdugos se disfrazan de víctimas y qué clase de hipócritas dan lecciones éticas al resto del universo por gracia de Dios.
En su boca, presunción de inocencia, suena vacío.
Vía | Wikipedia, El País, Que paren las máquinas
Imagen | El País
Independientemente de lo que la Justicia afirme en los meses venideros, me llama poderosamente la atención la desfachatez y la falta de ética con la que el PP se pone un traje —ojo a la fina ironía— diferente para cada ocasión, obviando el pasado y la elegancia de la que debiera hacer gala un partido político que es capaz de aglutinar el voto de más de diez millones de personas. Resulta que ahora prima la presunción de inocencia, que para eso esto es una democracia. "Vamos a defender la honorabilidad del PP y de sus militantes, inocentes hasta que no se demuestre lo contrario", afirma Mariano. Inocentes hasta que no se demuestre lo contrario. La frase más repetida por el líder conservador. Bien, aceptemos tal axioma puesto que en una democracia simpre prima la presunción de inocencia a la presunción de culpabilidad. Aceptémoslo puesto que jamás conviene alcanzar las cotas de miseria humana que ellos alcanzaron y siguen alcanzando cada vez que el 11-M sale a relucir. No hace falta irse muy lejos. Cerrado el sumario, el PP aún acudía al Congreso convencido de que, en efecto, había sido ETA. Y culpable el Gobierno, culpable la policía, culpables los forenses, culpables los operarios de Renfe y culpable la opinión internacional que no movió un dedo por frenar tan infame golpe de Estado. De la presunción de inocencia, o del respeto a la Justicia, ni el más mínimo rastro.
Ahora bien, no era la primera vez. A principios de los noventa el PP se había regenerado tras la retirada de Fraga y la broma barata de Hernández Mancha. Aznar comandaba con mano de hierro el partido a pesar de que el PSOE parecía invulnerable. Invulnerable hasta que comenzaron a estallar los casos de corrupción. Especialmente sangrante fue el asunto de Juan Guerra, hermano de Alfonso Guerra. Juan Guerra accedió a la Delegación del Gobierno en Andalucía y utilizó su despacho para quehaceres personales, esto es, para enriquecerse ilegalmente. La oposición saltó a la palestra, Aznar al frente, para acusar a Juan Guerra de cohecho, fraude fiscal, tráfico de influencias, prevaricación, malversación de fondos y usurpación de funciones. Juan Guerra fue juzgado y culpabilizado, únicamente, de fraude fiscal. Del resto, ni rastro. De la presunción de inocencia, mejor ni hablar, puesto que el Caso Guerra se cobró la cabeza de Alfonso Guerra, Vicepresidente del Gobierno. A pesar de no haber prueba alguna de que Alfonso Guerra estuviera involucrado en el asunto. Todo valió en su día.
Y por último pero no menos lamentable, Demetrio Madrid. Verán, Madrid, que gobernaba con estabilidad la comunidad por encima de AP, es juzgado por el Tribunal Supremo por un caso laboral en una empresa de su propiedad. Imaginen el panorama. Alianza Popular no cejó hasta conseguir que, ante tamaño escándalo —aún sin sentencia por parte del TS—, Madrid dimitiera de su cargo en favor —corría 1986— de un joven y audaz José María Aznar. ¿Alguien recuerda qué dictó el Tribunal Supremo respecto al caso laboral? Demetrio Madrid inocente. Daba igual. Su imagen ya había sido dañanada y AP, precedente del PP, ya había cargado las tintas contra el presidente, inocente, pero culpabilizado en todo un obsceno ejercicio de cómo ser un cabrón sin ética. Hoy Rajoy espera que prime la presunción de inocencia. Eso espero yo también. Es un derecho, en eso consiste la justicia. Eso sí, conviene recordar qué clase de verdugos se disfrazan de víctimas y qué clase de hipócritas dan lecciones éticas al resto del universo por gracia de Dios.
En su boca, presunción de inocencia, suena vacío.
Vía | Wikipedia, El País, Que paren las máquinas
Imagen | El País

2 opiniones:
JUICIO A LA DELEGACIÓN DE HACIENDA DE BARCELONA.
Rafael del Barco Carreras
¡Por fin! en septiembre del 2009. Se prevén SIETE MESES de duración. Que yo sepa el más largo de la historia judicial barcelonesa. Ha habido juicios importantísimos políticamente, y multimillonarios, muy multimillonarios, pero la Gran Corrupción los ha bandeado a su entera satisfacción. Primero se eternizan y vacían los sumarios, y para remate se pacta la liquidación final. Si no se pacta y el Supremo, entre uno, dos o tres años, ratifica, se conceden Terceros Grados. En Gran Tibidabo (30.000 millones estafados a 9.000 ahorradores) se programaron cuatro meses. Tres días, y todo pactado para un sumario que tardó CATORCE años en juzgarse. Una Justicia, proclaman, la más garantista (palabreja tan inexistente como el significado que le dan los jurídicos) del Mundo para el justiciable.
En mi caso de garantista nada, tres años preventivo, desde La Modelo al Juzgado, juicio en tres días, y condenado al tiempo pasado en prisión por encubrimiento al fugado Antonio de la Rosa, abogado del Estado y funcionario de Hacienda, que nunca aparecería ni para la prescripción de sus delitos dictada por un Tribunal. Ignoro si es más corrupto mantenerme tres años en prisión o que docenas de acusados en casos multimillonarios y de extorsión se sienten en el banquillo en libertad tras decenas de años de instrucción. Sin olvidarse los sobreseídos, archivados, exculpados. Se repiten tanto los mismos personajes y durante tantas décadas que me obligan a repetirme aunque siempre con nuevos matices. Ver imágenes en www.lagrancorrupcion.blogspot.com
Creo que el juicio más extenso (dentro de la Gran Corrupción) ha sido el de por “Extorsión y Denuncias Falsas” a Rafael Jiménez de Parga (bufete de 50 abogados), Alfredo Sáenz Abad (vicepresidente del Banco de Santander) y otros, el pasado mes, por delitos de quince años atrás. Por el momento sin sentencia, que tras la modificación final de las peticiones fiscales, de nueve a tres años, presumo muy aguada, o peor.
Espero entretenerme y escribir comentarios durante siete meses...
Excelente articulo Andres¡ERES BUENO CHICO¡MUY BUENO¡
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