Observen hasta qué punto de intransigencia estamos llegando en la que antaño fuera cuna de la civilización occidental, democracia, valores ideológicos y demás historias que han quedado en el olvido ante el temor a la inmigración. Ah, sí, la antaño cuna de todo eso es Europa, actual compendio de idiotas. Suiza es un buen ejemplo.
Qué bien. A buen seguro que los minaretes son ejemplo de la supremacía islámica y una especie de llamamiento a otros fieles para que tomen posiciones en el país helvético. Seguro que sí. Incomprendidos estos suizos, tan suyos, ellos, tan majos, con sus bancos donde los multimillonarios del mundo evaden miles de impuestos y guardan todo el negro que gestionan, con sus quesos con agujeros y sus sabrosos chocolates. Con sus estaciones de esquí y sus balnearios paradisíacos. Suiza.
Un gran país. Pero eso sí, un gran país racista hasta la médula. ¿Adivinan quién ha convocado tan bonito referéndum? Aciertan. Un partido de extrema-derecha y xenófobo, de esos que tanto proliferan por centro-europa. El resultado pone de reflejo una realidad que a mí particularmente me inquieta un tanto: los partidos de extrema-derecha no dejan de crecer gracias al amparo que tienen en gran parte de la sociedad, la cual, de manera penosa, se deja caer en sus brazos temerosos de que el extraño y el diferente se adueñe de sus tierras. Un temor milenario que parecía superado y que sin embargo es más real que nunca. Se trata de un peligro del que, ahora mismo, tan sólo vemos la punta del iceberg porque la ignorancia en este mundo sigue sin tener límite.
Para que luego España sea el país racista por excelencia. Venga ya.
Vía | El País
Imagen | El Mundo
Al cierre de casi todos los colegios electorales la tendencia es ya inapelable. Los suizos han aprobado con un 57.5 % de votos la inclusión en la Constitución helvética de la prohibición de construir minaretes en las futuras mezquitas de Suiza.
Qué bien. A buen seguro que los minaretes son ejemplo de la supremacía islámica y una especie de llamamiento a otros fieles para que tomen posiciones en el país helvético. Seguro que sí. Incomprendidos estos suizos, tan suyos, ellos, tan majos, con sus bancos donde los multimillonarios del mundo evaden miles de impuestos y guardan todo el negro que gestionan, con sus quesos con agujeros y sus sabrosos chocolates. Con sus estaciones de esquí y sus balnearios paradisíacos. Suiza.
Un gran país. Pero eso sí, un gran país racista hasta la médula. ¿Adivinan quién ha convocado tan bonito referéndum? Aciertan. Un partido de extrema-derecha y xenófobo, de esos que tanto proliferan por centro-europa. El resultado pone de reflejo una realidad que a mí particularmente me inquieta un tanto: los partidos de extrema-derecha no dejan de crecer gracias al amparo que tienen en gran parte de la sociedad, la cual, de manera penosa, se deja caer en sus brazos temerosos de que el extraño y el diferente se adueñe de sus tierras. Un temor milenario que parecía superado y que sin embargo es más real que nunca. Se trata de un peligro del que, ahora mismo, tan sólo vemos la punta del iceberg porque la ignorancia en este mundo sigue sin tener límite.
Para que luego España sea el país racista por excelencia. Venga ya.
Vía | El País
Imagen | El Mundo





























