sábado, 16 de enero de 2010

Efectos especiales vacíos

Sí, ya he visto Avatar. Allá voy.

[Aviso: Este post contiene spoilers, si no quiere saber qué sucede en Avatar —que tampoco es muy sorprendente—, no siga leyendo]

[Como ven, tampoco se han comido la cabeza a la hora de imaginar a los bichos indígenas]

Y sí, como experiencia y demás está muy bien, por aquello del 3D, creer que estás allí, en la selva de Pandora, acariciar el lomo de las extrañas pero previsibles criaturas imaginadas por el diseñador gráfico de la película, sentir las explosiones en primera persona y todo lo demás; pero como película en sí misma tampoco es para tanto, qué quieren que les diga.

Avatar es el culmen de los efectos especiales en el cine; es la revolución, el futuro, el tecnicismo elevado a la categoría de arte, la auténtica belleza digital, la capacidad definitiva de trasladar al espectador allá donde se desee por medio de una pantalla y unas gafas tridimensionales. En efecto, lo han adivinado: Avatar también es una película mediocre en cuanto a trama y guión se refiere, el ejemplo perfecto de cómo la misma idea repetida en diferentes formatos siempre será sinónimo de éxito y todo un compendio de efectos especiales vacíos de contenido alguno.

Consta de tres pilares básicos, su guión, trama, cuento infantil, historia repetida un millón de veces, como plazcan: por un lado el siempre incalificable idilio amoroso entre repudiado chaval extraño que no es aceptado por la sociedad y mujer de alto rango que pudiendo tener al hombre que le plazca se fija en esa alma perdida; por otro, el resentimiento tradicional de los americanos por haber desahuciado a los nativos indios del continente, esto es, las flechas venciendo a la tecnología más puntera, en plan así nos limpiamos la conciencia de lo que hicimos; y, finalmente, el muy cool y 2.0 rollo ecologista del planeta es bello y está interconectado con gente azul, no lo destruyan por el vil metal.

Y nada más, francamente. El resto son personajes sin profundidad y previsibles, como el héroe incomprendido representado en un paralítico ex-marine que infiltrado en la sociedad na'vi finalmente hace acopio de la causa justa de los indígenas y se revela ante el tirano; tirano representado en el militar malvado tan típico del ejército americano en cualquier película, súper-duro, de Kansas o algún lugar así, con mil heridas de guerra, curtido en mil batallas, siempre presto a defender a su patria. O como la chica que se enamora del héore, en este caso princesa, pero podría pasar perfectamente por rica de Manhattan cayendo rendida a los pies de un muerto de hambre de New Jersey; o como la científica que empatiza con los indígenas y representa la parte culta y sensible del enemigo; o como el empresario que quiere arrasar con todo a costa de su beneficio económico, y no sigo porque a estas alturas ya imaginaran el palo de cada personaje.

Antes de que hayan transcurrido veinte minutos de la película el espectador ya sabe cómo terminará todo. Es evidente. El héroe maldito enviado como infiltrado para terminar con los na'vi se enamorará de la chica, de la selva y de la cultura y luchará por ellos y no por los humanos; alguno de los nobles humanos que defienden a los na'vi morirán como mártires y los colonizadores sanguinarios provenientes del planeta Tierra tendrán que largarse porque Pandora se volverá en su contra, en plan mantra espiritual de la naturaleza.

Los guionistas no se han comido demasiado la cabeza la verdad. Imagino la reunión una vez ya tenían todos los efectos especiales terminados:

Director: Bueno, pues ya tenemos lo que vende, ahora habrá que contar algo, ¿no?
Guionista: Sí, propongo una innovadora idea consistente en...
D: Eh, eh, eh, eh. Frena. Que queremos ganar pasta, no hacer una película interesante. Veamos, necesitamos amor, en plan Titanic, chica de alta cuna y pobre descarriado con idilio imposible, los débiles como auténticos protagonistas venciendo a los fuetes y algo ecológico, que ahora mola.
G: Mmmmm, sí, pero ¿eso no se ha contado ya un millón de veces?
D: Ostia, ahora que lo dices.
G: Sí.
D: Entonces...
G: ¿Cómo dices que terminan las flechas venciendo a las máquinas?
D: Nos vamos a forrar.

Si quieren mantenerse en vilo hasta el final... Avatar no es su película. Cualquier alumno de primaria podría haber escrito el guión, no nos engañemos. Eso sí, si lo que buscan es una atracción digna de Disneyland, vayan, vayan. En ese sentido no les defraudará en absoluto. De hecho a mí no me ha defraudado. Esperaba eso: efectos especiales vacíos.

Imagen | La Razón | News.com.au

3 opiniones:

Raist_Master dijo...

Mañana ire a verla. Con la intencion de ver muchos efectos especiales vacios. No hace falta nada mas para ser el rey del mundo.

Andrés Pérez dijo...

@ Raist_Master

Exacto. O se va al cine con esa mentalidad, o puedes cabrearte mucho. Merece la pena únicamente por los efectos especiales.

M.Mar dijo...

En cuanto pueda iré a verla. De todos modos, no deja de ser novedoso que los americanos nos digan como deben y deberian hacerse las cosas aunque ellos no lo hagan así ni lo hayan hecho nunca. La autocrítica en ellos siempre es novedosa y si ademas le sumamos los efectos especiales...pues lo dicho, hay que verla.

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