
Qué Estatut ni qué niño muerto. Aquí por lo que se rompe España es porque en Cataluña han prohibido los toros. ¿Qué, les parece exagerado? Eso es porque no han visto ustedes las portadas de hoy de gran parte de la prensa nacional. Y como ven, no añado "seria" a la palabra prensa. Su nivel de forofismo comienza a ser equiparable al de la prensa deportiva. Pero, eh, la culpa de que el periodismo se vaya a la mierda es de Internet, claro que sí.

Cataluña ha prohibido los toros. Se une así a Canarias en la hasta hora escasa lista de comunidades que no permiten la tortura pública de un toro para beneficio privado. La medida tomada por el Parlamento catalán es especialmente gratificante porque pocas veces se habrá visto en la democracia española un ejercicio tan democrático como este: se ha aprobado una Iniciativa de Ley Popular, es decir, una proposición de ley firmada por 500.000 ciudadanos. Desde el sector pro-taurino, últimamente, se enarbola la bandera de la libertad para defender la libre disposición de cada cual a hacer lo que le plazca con los animales. Pues bien, no hay mejor ejercicio de libertad que éste, ejemplo perfecto de que, sí, aunque a veces no lo parezca, vivimos en una democracia.
En fin, que en otra comunidad autónoma se ha frenado la tortura continua de un animal en público. Algo, por cierto, por ejemplo en Madrid, no permitido para ningún otro animal, sin que adivinemos qué extraordinarias cualidades presentan los toros para ser torturados sin que sobre sus torturadores haya pena alguna. Lo explica mejor que yo Hugo Martínez Abarca en su blog —seis cómodos puntos para perezosos, merece la pena, pásense—:
Si tras leerlo aún no están del todo convencidos de la conveniencia de la prohibición, harían bien en leer las seis mentiras más recurrentes del mundo taurino para justificar una matanza grotesca y desproporcionada. Porque, no, no nos engañemos, no se trata de una pelea de igual a igual desde el momento en que observamos el número de toros muertos este año y el número de toreros caídos en el fragor del combate:
Bravo por Cataluña. Ya estamos un poquito más lejos de seguir en la Edad Media. La abolición progresiva de las corridas de toros y demás espectáculos en los que el noble pueblo español se divierte ensañándose con unas pobres criaturas, por puro divertimento, es cuestión de tiempo y concienciación social. Quizá en algunos lugares cueste algo más, pero temo que, al igual que la discriminación de la mujer en el trabajo o del homosexual, terminará llegando.
Es la modernidad, imbéciles. Dejen de luchar contra ella.
Lectura recomendada | Adéu a los toros y olé (José A. Pérez en Mi Mesa Cojea) | ¡Visca Catalunya! (Javier Pérez de Albéniz en El Descodificador) | Cataluña aspira la caspa (Rosa María Artal) | Libertad para maltratar (Heli en Etiopica)
Imagen | The Guardian | Kiosco.net

Cataluña ha prohibido los toros. Se une así a Canarias en la hasta hora escasa lista de comunidades que no permiten la tortura pública de un toro para beneficio privado. La medida tomada por el Parlamento catalán es especialmente gratificante porque pocas veces se habrá visto en la democracia española un ejercicio tan democrático como este: se ha aprobado una Iniciativa de Ley Popular, es decir, una proposición de ley firmada por 500.000 ciudadanos. Desde el sector pro-taurino, últimamente, se enarbola la bandera de la libertad para defender la libre disposición de cada cual a hacer lo que le plazca con los animales. Pues bien, no hay mejor ejercicio de libertad que éste, ejemplo perfecto de que, sí, aunque a veces no lo parezca, vivimos en una democracia.En fin, que en otra comunidad autónoma se ha frenado la tortura continua de un animal en público. Algo, por cierto, por ejemplo en Madrid, no permitido para ningún otro animal, sin que adivinemos qué extraordinarias cualidades presentan los toros para ser torturados sin que sobre sus torturadores haya pena alguna. Lo explica mejor que yo Hugo Martínez Abarca en su blog —seis cómodos puntos para perezosos, merece la pena, pásense—:
Que las corridas de toros suponen maltrato a los animales no es un invento de los antitaurinos. La Comunidad de Madrid prohibe en su ley (artículo 4.1 y 4.2) "la utilización de animales en espectáculos, peleas, fiestas populares y otras actividades que impliquen crueldad o mal trato, puedan ocasionarles sufrimientos o hacerles objeto de tratamientos antinaturales. Quedan excluidas de forma expresa de dicha prohibición: a) La fiesta de los toros (…) b) Los encierros y demás espectáculos taurinos". Uno no dice que odia a los asesinos pero que queda excluido de ese odio Gandhi, porque no es un asesino. Si se excluye las corridas de toros de la prohibición de espectáculos que impliquen crueldad o mal trato es porque se asume que es un espectáculo que implica crueldad y/o mal trato.
Si tras leerlo aún no están del todo convencidos de la conveniencia de la prohibición, harían bien en leer las seis mentiras más recurrentes del mundo taurino para justificar una matanza grotesca y desproporcionada. Porque, no, no nos engañemos, no se trata de una pelea de igual a igual desde el momento en que observamos el número de toros muertos este año y el número de toreros caídos en el fragor del combate:
1. “Es una tradición”. Es una falacia clásica, también conocida como argumentum ad antiquitatem. Que algo sea antiguo no significa que sea bueno. La prostitución, la tortura o la esclavitud son tradiciones aún más viejas que la tauromaquia.
2. “Sin corridas, el toro de lidia se extinguiría”. Bastaría con que los ayuntamientos gastasen en reservas naturales una cuarta parte de lo que hoy emplean en subvencionar la tortura animal para evitar tal drama. El lince ibérico también está en peligro de extinción, y nadie defiende que la solución sea torearle
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Bravo por Cataluña. Ya estamos un poquito más lejos de seguir en la Edad Media. La abolición progresiva de las corridas de toros y demás espectáculos en los que el noble pueblo español se divierte ensañándose con unas pobres criaturas, por puro divertimento, es cuestión de tiempo y concienciación social. Quizá en algunos lugares cueste algo más, pero temo que, al igual que la discriminación de la mujer en el trabajo o del homosexual, terminará llegando.
Es la modernidad, imbéciles. Dejen de luchar contra ella.
Lectura recomendada | Adéu a los toros y olé (José A. Pérez en Mi Mesa Cojea) | ¡Visca Catalunya! (Javier Pérez de Albéniz en El Descodificador) | Cataluña aspira la caspa (Rosa María Artal) | Libertad para maltratar (Heli en Etiopica)
Imagen | The Guardian | Kiosco.net

