De un político que aspira a ser presidente del Gobierno se deduce un programa electoral. Se trata, a priori, de un requisito mínimo. Que en el periodo previo a la celebración de elecciones el político en cuestión haga público su programa electoral o no depende ya de la honestidad del mismo. Es decir, que no diga a los ciudadanos qué va a hacer o qué no va a hacer depende de si es un perfecto cabrón o alguien en el que merece la pena depositar el voto. Todo ello no significa, no obstante, que no sepa qué va a hacer una vez llegue al poder dado que se deduce de sus intenciones de alcanzar el poder. Si quiere gobernar será porque sabe cómo hacerlo.
Mariano Rajoy contradice lo anteriormente descrito. Podríamos creer que no hace público su programa electoral porque teme ser reprendido electoralmente por ello, como hiciera el inefable David Cameron en Gran Bretaña, pero no cabe duda de que estaríamos completamente equivocados. No es que no quiera mostrarnos sus ideas: es que no las tiene.
Especialmente tragicómico es el último capítulo protagonizado por nuestro futuro presidente según las encuestas. Se encontraba en el programa de Pedro J. Ramírez en VEO 7 cuando, maldición, una joven le preguntó por su paquete de medidas para incentivar la creación de empleo, en especial dentro del sector juvenil —cuyas cifras de desempleo son aterradoras—. Es mejor que observen ustedes mismos lo que respondió.
Realmente no sé qué es peor: que no sepa leer lo que él mismo ha escrito o que no tuviera nada escrito. Ninguna opción es muy alentadora.
La improvisación del líder conservador es fruto de la mejor habilidad de los políticos españoles: el humor involuntario. "Cuanta más vida tengas mucho mejor y tendrás más posibilidades". Cuesta creer que estar muerto sea una ventaja a la hora de encontrar trabajo. Por supuesto, cuando Mariano debe improvisar sale a la luz su discurso de cartón piedra y su expresión clave, angular, que resume todo el proyecto económico del PP: generar confianza.
¿Que cómo crearemos puestos de trabajo? Generando confianza. La confianza evapora la precariedad laboral, redistribuye a todos los parados del sector de la construcción e incentiva el I+D.
Y así, Rajoy termina su exposición triunfal, sonriente, henchido de gozo y satisfacción, imagino que desconociendo por completo que ha transmitido al imagen de ser un perfecto idiota. Da igual. La propia estudiante que plantea la pregunta resume el auténtico problema afirmando antes de formular la cuestión que votará al PP porque cree [sic] que su candidato tomará las medidas adecuadas para incentivar el empleo. Todo ello, claro, sin conocer la respuesta.
Vía | Información y comunicación política (Ángela Martín) | Cuadernos de un veniteañero (Jorge Barraza)
Mariano Rajoy contradice lo anteriormente descrito. Podríamos creer que no hace público su programa electoral porque teme ser reprendido electoralmente por ello, como hiciera el inefable David Cameron en Gran Bretaña, pero no cabe duda de que estaríamos completamente equivocados. No es que no quiera mostrarnos sus ideas: es que no las tiene.
Especialmente tragicómico es el último capítulo protagonizado por nuestro futuro presidente según las encuestas. Se encontraba en el programa de Pedro J. Ramírez en VEO 7 cuando, maldición, una joven le preguntó por su paquete de medidas para incentivar la creación de empleo, en especial dentro del sector juvenil —cuyas cifras de desempleo son aterradoras—. Es mejor que observen ustedes mismos lo que respondió.
Realmente no sé qué es peor: que no sepa leer lo que él mismo ha escrito o que no tuviera nada escrito. Ninguna opción es muy alentadora.
La improvisación del líder conservador es fruto de la mejor habilidad de los políticos españoles: el humor involuntario. "Cuanta más vida tengas mucho mejor y tendrás más posibilidades". Cuesta creer que estar muerto sea una ventaja a la hora de encontrar trabajo. Por supuesto, cuando Mariano debe improvisar sale a la luz su discurso de cartón piedra y su expresión clave, angular, que resume todo el proyecto económico del PP: generar confianza.
¿Que cómo crearemos puestos de trabajo? Generando confianza. La confianza evapora la precariedad laboral, redistribuye a todos los parados del sector de la construcción e incentiva el I+D.
Y así, Rajoy termina su exposición triunfal, sonriente, henchido de gozo y satisfacción, imagino que desconociendo por completo que ha transmitido al imagen de ser un perfecto idiota. Da igual. La propia estudiante que plantea la pregunta resume el auténtico problema afirmando antes de formular la cuestión que votará al PP porque cree [sic] que su candidato tomará las medidas adecuadas para incentivar el empleo. Todo ello, claro, sin conocer la respuesta.
Vía | Información y comunicación política (Ángela Martín) | Cuadernos de un veniteañero (Jorge Barraza)

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