miércoles, 27 de abril de 2011

De Cospedal se supera a sí misma

Es improbable que haya un político en España con mayor déficit de cualidades oratorias e intelectuales que María Dolores de Cospedal, número dos del Partido Popular que hace poco afirmó sin rubor alguno que abandonaría la política a los ocho años de entrar en ella cuando ya los había superado con cierta holgura. De Cospedal ya ha tenido otros puntos de brillantez política en ocasiones anteriores y el episodio de ayer en el programa de TVE Los Desayunos, dirigido por la carismática Ana Pastor, no hace sino demostrar que en política no es necesario ser inteligente para acceder al poder. De hecho en algunos partidos comienza a ser sospechosamente complicado encontrar ambos términos relacionados.

A pesar de que durante los últimos ocho años TVE ha sido un ejemplo —para bien y para mal— de imparcialidad política e inocuos contenidos informativos, De Cospedal tuvo el atrevimiento de acusar en directo a una de las más atrevidas entrevistadoras del periodismo actual de ser nada menos que un instrumento propagandístico del Gobierno actual. Ana Pastor, en calidad de periodista sin pelos en la lengua, no tuvo más remedio que afilar su respuesta hasta el extremo explicándole ácidamente que no es precisamente esta Televisión Española la que ha tenido que hacer frente a una sentencia judicial por falsear y manipular una información al servicio de un partido político. Pastor se refería implícitamente a Alfredo Urdaci, otrora presentador de los informativos de TVE que tuvo que leer en directo una sentencia de la Audiencia Nacional en la que pronunció, para pasmo de gran parte de su audiencia, cada palabra de CCOO por separado —«ce, ce, o, o»—.

Como era de esperar, la capacidad de dejarse en evidencia sin ser consciente de ello por parte de De Cospedal ha causado furor en Twitter, que acoge con alboroto cada palabra pronunciada por la líder popular. La propia De Cospedal se lo ha trabajado largo y tendido presentando a su partido como el de los trabajadores —algo considerablemente divertido— y dando ruedas de prensa con un palestino de color pastel al cuello, al más puro estilo pijoprogre que causó espamos de hilaridad entre un buen número de gente no necesariamente progresista. De Cospedal es mucho más que todo este cúmulo de cómicas situaciones: es el reflejo de una clase política carente de brillantez que no piensa en que, quizá en algún momento, el electorado sea capaz de emanciparse de la mendacidad intelectual en la que navega para dar algún toque de atención a los dos grandes partidos políticos del presente.

Quizá sea en 2012, quizá sea más tarde. De momento existen iniciativas que protestan enérgicamente ante el bipartidismo idiota imperante —con mayor o menor fortuna— que suponen un desgaste evidente para ambas estructuras políticas. Políticos carentes de talento alejados completamente de la realidad como De Cospedal son la causa principal de ello. Pero como De Cospedal hay muchos. En los partidos promocionan quienes menos preguntas se plantean, quienes menos disidencia oponen y quienes menos exhiben sus ideas propias. En suma: los más tontos y manipulables. Cuando en política deje de primar la capacidad individual de sacar brillo con la lengua a cualquier esfínter y se comiencen a valorar las propuestas para mejorar el país, las ideas propias y el talento, quizá la ciudadanía comience a recuperar la confianza perdida en quienes la protagonizan. No en vano, gracias a De Cospedal y demás políticos adscritos a su estela, los españoles consideran el tercer problema del país a la clase política. Sí: por encima del terrorismo.

P.D.

Casi tan divertido como ver a De Cospedal abrir la boca es leer esta noticia publicada en la página web del PP y el comunicado que envió a TVE rebatiendo con argumentos de indudable peso la independencia ideológica de la cadena. Asusta imaginar en qué se puede volver a convertir el ente público a partir de la primavera de 2012.

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