lunes 30 de mayo de 2011

#15M: evolucionar o morir


Antes de que Felip Puig tuviera un arrebato de ineptitud política y enviara a unos cuantos Mossos a apalear manifestantes, las acampadas surgidas tras la manifestación del 15 de mayo en muchísimas ciudades de España se encaminaban hacia su propia desaparición —menguante impacto mediático, problemas variados en el mantenimiento de los campamentos, escasa capacidad operativa—. La indecente paliza que recibieron los acampados de Barcelona reavivó la vida de las acampadas durante el fin de semana, pero pasados los efectos coléricos de lo sucedido en la ciudad condal las acampadas vuelven a dirigirse hacia un futuro incierto.

En general, todo el mundo tiene bastante claro que los campamentos no podrán mantenerse durante mucho más tiempo. Ayer en #acampadasol se debatió durante cuatro horas en Asamblea multitudinaria la posibilidad de marcharse y comenzar a ejecutar acciones concretas de manera deslocalizada en diversos barrios. Una buena parte de las comisiones recomendó desmantelar el campamento cuanto antes. La de Alimentación, por ejemplo, pidió ser directamente anulada puesto que mucha gente aparecía por el campamento, no respetaba los turnos y se aprovechaba del servicio de comidas, haciendo inútil su trabajo. La comisión de Información solicitó no mantener el campamento durante más de una semana. La de Infraestructuras explicó que aquello no se podía mantener indefinidamente. Pese a todo ello, el único consenso al que se llegó en #acampadasol fue el de mantener el asentamiento.

El problema de Sol no es el mismo que el de otras muchas ciudades. #acampadasol es el símbolo del movimiento #15M y, como explicó una chica extremeña al final de la noche, si Sol se retira se retirarán muchas otras ciudades pequeñas cuyo volumen de personas acampadas es bastante pequeño. En Sol se crean inconvenientes que no existen en acampadas más reducidas. La organización tiene que ser mucho más exhaustiva en todas las parcelas del campamento. Los riesgos de que todo salte por los aires son mayores. Los inconvenientes para quienes no participan en la acampada también. La estampa de Sol llena de gente noche sí noche también ha sido muy bonita, pero como no se lucha contra algo en concreto su estancia sigue siendo indefinida. Y eso puede restar fuerza al movimiento.

Anoche un defensor de levantar el campamento vino a decir que al prolongación de la acampada no beneficiaba per sé los objetivos del #15M. Dicho de otro modo: cuanto más tiempo se prolongara más posibilidades existían de que se volviera contrario a los intereses del movimiento. Es posible que la función de las acampadas haya llegado a su fin. Durante las dos primeras semanas del movimiento han tenido un peso importantísimo en tanto que han puesto de relieve que existe una gran masa de gente organizada espontáneamente dispuesta a luchar por un país mejor. La estampa de Sol repleta de 25.000 personas supuso un golpe de imagen sensacional y sirvió de efecto dominó para el resto de ciudades de España. Hola, estamos aquí y no tenemos previsto irnos. Pasado el efecto inicial de sorpresa, toma de posición y protagonismo mediático, las acampadas se ven abocadas a la autodestrucción.

En Barcelona se puso de manifiesto que algunos políticos comienzan a impacientarse. Que la policía autonómica no esté controlada por el Gobierno no es un tema menor. Cuesta creer que el ministro de Interior y previsible candidato a las elecciones generales de 2012, Alfredo Pérez Rubalcaba, cometa una torpeza estratégica tan grande como la de Felip Puig provocando una batalla campal en el kilómetro cero de España y símbolo del movimiento. Ésto último tampoco significa que la seguridad de los acampados esté garantizada. Se desconoce hasta qué punto el Gobierno puede seguir permitiendo que varias acampadas hayan tomado todos los puntos neurálgicos de las grandes ciudades del país.

En el fondo se dirime el futuro del movimiento. Si las acampadas no evolucionan morirán. Y si antes no se ha creado una red organizada en los barrios de todas las ciudades el movimiento perecerá. La opinión pública ya sabe que hay jóvenes que quieren cambiar algo. Ahora es turno de ir barrio por barrio explicando a gente que vive alejada del movimiento cuáles son las reivindicaciones básicas —a las que pocos se opondrán— tratando de concienciar otro tipo de sector social poco dado a dormir en la calle y que aún ve el #15M como un cúmulo de perroflautas vagos y maleantes. Todo el mundo quiere expandirse. El problema es cómo. Si las acampadas no resuelven esta cuestión lo antes posible el movimiento corre peligro.

Imagen | Periodismo Humano

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