martes 31 de mayo de 2011

Rubalcaba candidato

En el imaginario colectivo de la caverna mediática, Rubalcaba es un maquiavélico y cetrino personaje que trata de llevar a la práctica sus maléficos planes de dominación mundial desde un cuarto oscuro situado en Ferraz. En su particular cuartel general del Mal, Rubalcaba regala Navarra a los etarras al mismo tiempo que destruye en una máquina trituradora documentos que prueban fehacientemente que el 11-M fue un montaje, suyo concretamente, para hacer creer a la opinión pública que cuatro barbudos salafistas volaron por los aires Atocha poco antes de las elecciones. Nadie debe llevarse a engaño, por supuesto. La amistad que une a Rubalcaba con ETA —hola, Faisán— intenta romper España, sí, pero es una pérfida tapadera de lo que un día fue el GAL, un grupo paramilitar que él mismo ordenó crear para exterminar precisamente a los que ahora son sus retorcidos cómplices, porque así de malvado es el ministro y futuro candidato a la presidencia del Gobierno en 2012, capaz de utilizar a sus mismas víctimas en su propio beneficio, suponemos que absorbiéndoles el alma o chupándoles la sangre del cerebro. En este último punto no hay consenso.

Todo esto, por descontado, lo ejecuta mientras escucha a todos y cada uno de los ciudadanos del país mediante SITEL y utiliza a la policía y a los jueces para eliminar al PP del mapa político. Porque Alfredo Pérez Rubalcaba es tan malo que se desempeña en varias tareas a la vez para multiplicar su maldad.

Hoy, por ejemplo, el nombre de Rubalcaba aparecía hasta trece veces en la portada digital de La Gaceta. En El País seis veces —es el periódico más cercano a su causa— y en El Mundo cuatro. La obsesión es evidente. El jueves pasado en VEO 7, en el debate nocturno que cada noche modera conduce Carlos Cuesta —recientemente lanzó un boli al cuerpo de uno de los invitados que defendía con demasiado ahínco no recuerdo muy bien qué, pero seguramente algo de progres—, la pregunta que se lanzaba al público era «¿Vuelven los socialistas al PSOE de los GAL?», signifique lo que signifique esto último. Tanto César Vidal como Federico Jiménez Losantos, desde EsRadio, han proferido variopintos elogios hacia Rubalcaba durante los últimos días, destacando por encima de todos el que le situaba como lo peor que le había pasado a la democracia española desde su implantación.

Rubalcaba es el único hombre fuerte del PSOE capaz de poner nerviosa a la derecha. Cuenta con una buena valoración en la calle, no hay ningún diputado popular capaz de igualarle en oratoria —y menos Rajoy, por más que se empeñe La Razón— y los medios conservadores han creado a su alrededor un aura de manipulador místico capaz de cualquier juego de alquimia que impida al PP regresar a Moncloa. Los fantasmas del 11-M siguen ahí, jamás se fueron. El alboroto formado en la mayor parte de líderes de opinión conservadores es comprensible desde este punto de vista. Echando un vistazo a las encuestas y a los últimos resultados electorales se deduce que todo es fruto de una enorme paranoia.

La presión de los principales barones regionales del partido surtió efecto y Carme Chacón, joven, catalana, ministra de Defensa, más cercana a Zapatero por generación y por imagen, renunció a presentarse en aras de no dinamitar el complicado manojo de emociones que se ha convertido el PSOE internamente. Chacón apuntó sin complejos a una conspiración en su contra para que Rubalcaba fuera el próximo candidato. Posiblemente sea así y posiblemente sea lo que más favorece a los intereses de Chacón, cuya intención de ser la cabeza de lista del PSOE en 2012 sólo se entiende desde un enorme interés por autodestruir su carrera política.

Tras la renuncia obligada de Chachón la designación de Rubalcaba se parece demasiado al dedazo legendario con el que Aznar escogió a Rajoy. El PP lo sabe y lo aprovecha. Rubalcaba lo sabe, pero está empeñado en tratar de auténticos imbéciles a las bases y a todos sus votantes, los pasados, los futuros y los presentes. Desde Génova no van a desperdiciar ni una sola oportunidad para desgastar al único hombre al que ven capaz de revertir el resultado de las encuestas en diez meses. Zapatero ha expresado algo semejante, pero posiblemente en aras de no sumergir a su partido en una crisis interna brutal que le hubiera llevado a desaparecer de la Secretaría General. El dedazo de Rubalcaba sólo difiere del de Rajoy en que esta vez no ha sido el líder quien lo ha efectuado sino un grupúsculo de barones territoriales sublevados. Corren tiempos duros para Zapatero, un cadáver político ahora también dentro de su propio partido.

Así que ahora es Rubalcaba contra el mundo. O el mundo contra Rubalcaba. De aquí a marzo de 2012 se van a escuchar numerosas acusaciones veladas y directas a Rubalcaba de ser el culpable del cambio climático, la deforestación del Amazonas, la bala que mató a Kennedy y la crucifixión de Jesucristo. La campaña electoral no va a ser bonita ni agradable. En realidad, la imposición de Rubalcaba como candidato es la mejor opción para el PSOE. Es el único político capaz de arañar ciertos puntos que impidan al PP auparse hacia la mayoría absoluta, está suficientemente amortizado y tras la más que previsible derrota electoral —pese a todo es bastante improbable que le de la vuelta a las encuestas— no se habrá perdido para la causa a ningún joven y prometedor político. Aunque, bien pensado, esto es lo que más inquietud debe crear en Génova. Rubalcaba no tiene nada que perder. Así que arriesgará al máximo. Y eso, en los mundos de yupi de la caverna mediática, se traduce en algo parecido al día de la bestia.

Lectura recomendada | Teoría de una conspiración (Viajero a Ítaca)

1 opiniones:

Cliente X dijo...

Nooo, Rubalcaba es un angelito. Pero macho, con la de pruebas que hay de que está metido hasta las trancas en todos esos asuntos turbios que enumeras, ¿cómo puedes defenderle? ¿O porque lo diga la caverna mediática ya es falso?

Pues esa caverna tb denunciaba el GAL cuando los íntegros socialistas lo desmentían, advertía de la crisis y de que eran necesarias medidas cuando os reíais de ellos y de que los etarras podían volver a las instituciones. Y oye, todo se ha cumplido punto por punto.

Rubalcaba no será el demonio encarnado, pero sí el enemigo público número 1.

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