Pese a mis convincentes argumentos, los flamencos no quisieron reintegrarse en el Imperio. Nada de lo que les dije pudo persuadirles de lo divertido de su otrora metrópoli, con un montón de imputados en las listas electorales, resultados escolares decepcionantes y una economía en franca decadencia. Sorprendentemente optaron por su aburrido país repleto de gente bilingüe altamente cualificada con un futuro potencialmente próspero. En fin, más no pude hacer. Habrá de perdonarme Carlos V. Lo único que pude traer de Flandes fueron algunas fotos. Que no es poco:
martes, 10 de mayo de 2011
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)





0 opiniones:
Publicar un comentario en la entrada