viernes, 28 de enero de 2011
La generación estafada
Tengo 35 años y podría ser peor. Podría tener 25, ó 20, y así entrar de cabeza en esa generación estafada a la que le han cambiado el derecho a una vivienda digna y un empleo estable por la Playstation III. Nos dieron gato por liebre, hiperespacio a cambio de espacio, y por eso no me extraña que la ley Sinde enfade más a los jóvenes que el recorte de las pensiones o la reforma laboral. Hemos asumido nuestro destino, hemos aceptado nuestro lugar.
Ignacio Escolar en su blog.
Etiquetas:
Política
miércoles, 26 de enero de 2011
El consenso
Ha dejado de ser sorprendente la capacidad de PP y PSOE para llegar a acuerdos que supongan auténticas penetraciones anales para el ciudadano. La última es la Ley Sinde, pero a sus espaldas hay ejemplos a raudales: véase el pacto no escrito que no mueve un ápice por modificar la ley electoral o el consenso que permite a los partidos políticos introducir de manera obligatoria su basura propagandística en televisiones privadas durante el periodo electoral. En 2012 se preguntarán porqué la gente se ha quedado en casa y no ha ido a votar.
PP y PSOE, con la inestimable ayuda de CiU, han logrado el acuerdo necesario para sacar adelante la Ley Sinde. La legislación no varía sustancialmente y, por descontado, no modifica lo verdaderamente preocupante de la ley: quien determina qué páginas webs son ilegales o no no es un juez sino una Comisión del Ministerio de Cultura, al cual deberían cambiarle el nombre por una evidente contradicción en los términos. Tras fingir airadamente una auténtica conciencia por los derechos de los ciudadanos, el PP ha aceptado la Ley Sinde ya que ahora, tras la revisión en el Senado, un juez también tendrá que estampar su firma en un papel para que el proceso contra una página web se inicie. Oh, qué logro. Cabe subrayar que esta firma es una firma. Nada más. Como un documental de TVE mostró hace poco, la mayoría de los despachos de los jueces de toda España se ven sepultados bajo toneladas de casos y torres de papel, por lo que el juez, sin necesidad de entrar en el fondo del asunto —de eso se encarga la Comisión— simplemente tendrá que estampar un garabato y a lo suyo, que no es poco.
El juez actúa aquí, digamos, como pudiera hacerlo el Rey en lo que a las leyes promulgadas por el Congreso se refiere. Pone la rubrica, pero no forma parte del proceso. Según el PSOE, esto otorga una doble garantía judicial. Ahora podemos sentirnos más seguros.
La Ley Sinde ha llegado para quedarse y su primera víctima ha sido el elogiable Alex de la Iglesia, que ha decidido dimitir para admiración de Twitter. No debemos olvidar que De la Iglesia en un principio estaba de acuerdo con la Ley Sinde, pero sería injusto no reconocer su capacidad de diálogo y su intención de alcanzar un consenso. Solo por actuar como un buen político —cercano a la ciudadanía, dialogante, comprensivo— sin serlo ya merece un aplauso. Algunos le proponen como ministro de Cultura. Peor que Sinde no lo haría.
La inepta al frente del Ministerio de Cultura continua en su cargo y algunos e han sorprendido. ¿Dimitir? ¿Por qué iba a hacerlo? Su ley ha sido un éxito. Lo fue desde el principio, porque, francamente, había que ser muy ingenuo para tragarse que la oposición de los restantes grupos parlamentarios en el Congreso se debía a su profundo conocimiento del problema. En este sentido los ciudadanos, hoy, tenemos más motivos para la preocupación: nuestros políticos no tienen ni puta idea de lo que votan en el proceso legislativo. Y sin embargo siguen votando.
Por descontado, la Ley Sinde no solucionará el problema de las descargas. El problema sigue ahí puesto que no se ha afrontado con realismo. Antes de que comenzara 2011 exponía uno de los principales motivo por los que la gente sigue descargándose música: comprar un disco de hace cuarenta años cuesta más de 20 euros. La legislación huye de la realidad y amparada en el poder de la Industria busca criminalizar al ciudadano por un servicio que ya paga —o si no que me expliquen por qué cobran las teleoperadoras—. Pagamos los platos rotos de un modelo de negocio caduco y de una Industria temerosa de ganar algo menos en un futuro que ya está aquí.
Para todo lo demás, la historia que Probertoj recuerda en Hipersónica y una foto que bien, sustituyendo "taping" por "downloading", nos serviría hoy:
Y a modo de resumen final de todo el despropósito que la Ley Sinde ha supuesto y supondrá, Hugo Martínez Abarca en su blog:
Feliz 2011.
Imagen | Braintwist
PP y PSOE, con la inestimable ayuda de CiU, han logrado el acuerdo necesario para sacar adelante la Ley Sinde. La legislación no varía sustancialmente y, por descontado, no modifica lo verdaderamente preocupante de la ley: quien determina qué páginas webs son ilegales o no no es un juez sino una Comisión del Ministerio de Cultura, al cual deberían cambiarle el nombre por una evidente contradicción en los términos. Tras fingir airadamente una auténtica conciencia por los derechos de los ciudadanos, el PP ha aceptado la Ley Sinde ya que ahora, tras la revisión en el Senado, un juez también tendrá que estampar su firma en un papel para que el proceso contra una página web se inicie. Oh, qué logro. Cabe subrayar que esta firma es una firma. Nada más. Como un documental de TVE mostró hace poco, la mayoría de los despachos de los jueces de toda España se ven sepultados bajo toneladas de casos y torres de papel, por lo que el juez, sin necesidad de entrar en el fondo del asunto —de eso se encarga la Comisión— simplemente tendrá que estampar un garabato y a lo suyo, que no es poco.
El juez actúa aquí, digamos, como pudiera hacerlo el Rey en lo que a las leyes promulgadas por el Congreso se refiere. Pone la rubrica, pero no forma parte del proceso. Según el PSOE, esto otorga una doble garantía judicial. Ahora podemos sentirnos más seguros.
La Ley Sinde ha llegado para quedarse y su primera víctima ha sido el elogiable Alex de la Iglesia, que ha decidido dimitir para admiración de Twitter. No debemos olvidar que De la Iglesia en un principio estaba de acuerdo con la Ley Sinde, pero sería injusto no reconocer su capacidad de diálogo y su intención de alcanzar un consenso. Solo por actuar como un buen político —cercano a la ciudadanía, dialogante, comprensivo— sin serlo ya merece un aplauso. Algunos le proponen como ministro de Cultura. Peor que Sinde no lo haría.
La inepta al frente del Ministerio de Cultura continua en su cargo y algunos e han sorprendido. ¿Dimitir? ¿Por qué iba a hacerlo? Su ley ha sido un éxito. Lo fue desde el principio, porque, francamente, había que ser muy ingenuo para tragarse que la oposición de los restantes grupos parlamentarios en el Congreso se debía a su profundo conocimiento del problema. En este sentido los ciudadanos, hoy, tenemos más motivos para la preocupación: nuestros políticos no tienen ni puta idea de lo que votan en el proceso legislativo. Y sin embargo siguen votando.
Por descontado, la Ley Sinde no solucionará el problema de las descargas. El problema sigue ahí puesto que no se ha afrontado con realismo. Antes de que comenzara 2011 exponía uno de los principales motivo por los que la gente sigue descargándose música: comprar un disco de hace cuarenta años cuesta más de 20 euros. La legislación huye de la realidad y amparada en el poder de la Industria busca criminalizar al ciudadano por un servicio que ya paga —o si no que me expliquen por qué cobran las teleoperadoras—. Pagamos los platos rotos de un modelo de negocio caduco y de una Industria temerosa de ganar algo menos en un futuro que ya está aquí.
Para todo lo demás, la historia que Probertoj recuerda en Hipersónica y una foto que bien, sustituyendo "taping" por "downloading", nos serviría hoy:
A estas alturas, que la industria no haya asumido que la cultura del intercambio de archivos llegó para quedarse es casi su mayor error. Siempre hemos compartido música, como demuestran las cintas de 90 que grabamos hace ya demasiado tiempo. Y la facilidad para hacerlo, que llevamos experimentado durante 10 años, obliga a pensar que no hay vuelta atrás.
Por si no quedara claro: la manera de compartir de hace 10 años, cuando todo esto estalló, no tiene nada que ver con la de ahora, y dentro de 3 años volverá a cambiar, pero quedará la cultura de hacerlo. Lo importante no es parar ese compartir, sino buscar la alternativa para mantener al oyente. Si no puedes controlar el destino final, controla el acceso; si a nadie le interesa comprar discos, vende accesos a música.
Y a modo de resumen final de todo el despropósito que la Ley Sinde ha supuesto y supondrá, Hugo Martínez Abarca en su blog:
Hay tres paralelismos contundentes entre lo que está pasando con la Ley Sinde y la gestión del conjunto de la crisis. En primer lugar que el fracaso de un modelo se soluciona con la persistencia en el modelo: sea el neoliberalismo o sea el modelo de una cultura gestionada industrialmente cuyo patrón económico no es demasiado distinto del de la industria del automóvil. En segundo lugar porque las distintas organizaciones del bipartidismo (PP, PSOE, CiU y sospecho que pronto PNV) escenifican airadas diferencias hasta que una medida corre el riesgo de perderse por tal escenificación: entonces se ponen todos de acuerdo (ha sucedido con la Ley Sinde, pero también con la reforma laboral y ocurrirá con la privatización de las cajas, recorte de las pensiones,…). Y en tercer lugar que los parlamentos escenifican debates e incluso enfrentamientos, pero las decisiones no se toman allí, sino en embajadas extranjeras, en la Casa Blanca, en Bruselas, en los mercados: el guion nos lo dan escrito y los actores tratan de escenificarlo con sus mejores artes.
Feliz 2011.
Imagen | Braintwist
lunes, 24 de enero de 2011
Feliz 2011
Cof, cof. Bien: tras apartar las telarañas, los cables oxidados, las cajas abandonadas, los vagabundos durmiendo bajo las cajas abandonadas y las ratas he llegado hasta aquí. Ustedes disculpen el desorden, no se preocupen, en breves me pondré a ordenar y limpiarlo todo.
Algún día Yo no estuve allí tenía que volver a ser un blog vivo.
Algún día Yo no estuve allí tenía que volver a ser un blog vivo.
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Yo no estuve allí
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