martes, 31 de mayo de 2011

Rubalcaba candidato

En el imaginario colectivo de la caverna mediática, Rubalcaba es un maquiavélico y cetrino personaje que trata de llevar a la práctica sus maléficos planes de dominación mundial desde un cuarto oscuro situado en Ferraz. En su particular cuartel general del Mal, Rubalcaba regala Navarra a los etarras al mismo tiempo que destruye en una máquina trituradora documentos que prueban fehacientemente que el 11-M fue un montaje, suyo concretamente, para hacer creer a la opinión pública que cuatro barbudos salafistas volaron por los aires Atocha poco antes de las elecciones. Nadie debe llevarse a engaño, por supuesto. La amistad que une a Rubalcaba con ETA —hola, Faisán— intenta romper España, sí, pero es una pérfida tapadera de lo que un día fue el GAL, un grupo paramilitar que él mismo ordenó crear para exterminar precisamente a los que ahora son sus retorcidos cómplices, porque así de malvado es el ministro y futuro candidato a la presidencia del Gobierno en 2012, capaz de utilizar a sus mismas víctimas en su propio beneficio, suponemos que absorbiéndoles el alma o chupándoles la sangre del cerebro. En este último punto no hay consenso.

Todo esto, por descontado, lo ejecuta mientras escucha a todos y cada uno de los ciudadanos del país mediante SITEL y utiliza a la policía y a los jueces para eliminar al PP del mapa político. Porque Alfredo Pérez Rubalcaba es tan malo que se desempeña en varias tareas a la vez para multiplicar su maldad.

Hoy, por ejemplo, el nombre de Rubalcaba aparecía hasta trece veces en la portada digital de La Gaceta. En El País seis veces —es el periódico más cercano a su causa— y en El Mundo cuatro. La obsesión es evidente. El jueves pasado en VEO 7, en el debate nocturno que cada noche modera conduce Carlos Cuesta —recientemente lanzó un boli al cuerpo de uno de los invitados que defendía con demasiado ahínco no recuerdo muy bien qué, pero seguramente algo de progres—, la pregunta que se lanzaba al público era «¿Vuelven los socialistas al PSOE de los GAL?», signifique lo que signifique esto último. Tanto César Vidal como Federico Jiménez Losantos, desde EsRadio, han proferido variopintos elogios hacia Rubalcaba durante los últimos días, destacando por encima de todos el que le situaba como lo peor que le había pasado a la democracia española desde su implantación.

Rubalcaba es el único hombre fuerte del PSOE capaz de poner nerviosa a la derecha. Cuenta con una buena valoración en la calle, no hay ningún diputado popular capaz de igualarle en oratoria —y menos Rajoy, por más que se empeñe La Razón— y los medios conservadores han creado a su alrededor un aura de manipulador místico capaz de cualquier juego de alquimia que impida al PP regresar a Moncloa. Los fantasmas del 11-M siguen ahí, jamás se fueron. El alboroto formado en la mayor parte de líderes de opinión conservadores es comprensible desde este punto de vista. Echando un vistazo a las encuestas y a los últimos resultados electorales se deduce que todo es fruto de una enorme paranoia.

La presión de los principales barones regionales del partido surtió efecto y Carme Chacón, joven, catalana, ministra de Defensa, más cercana a Zapatero por generación y por imagen, renunció a presentarse en aras de no dinamitar el complicado manojo de emociones que se ha convertido el PSOE internamente. Chacón apuntó sin complejos a una conspiración en su contra para que Rubalcaba fuera el próximo candidato. Posiblemente sea así y posiblemente sea lo que más favorece a los intereses de Chacón, cuya intención de ser la cabeza de lista del PSOE en 2012 sólo se entiende desde un enorme interés por autodestruir su carrera política.

Tras la renuncia obligada de Chachón la designación de Rubalcaba se parece demasiado al dedazo legendario con el que Aznar escogió a Rajoy. El PP lo sabe y lo aprovecha. Rubalcaba lo sabe, pero está empeñado en tratar de auténticos imbéciles a las bases y a todos sus votantes, los pasados, los futuros y los presentes. Desde Génova no van a desperdiciar ni una sola oportunidad para desgastar al único hombre al que ven capaz de revertir el resultado de las encuestas en diez meses. Zapatero ha expresado algo semejante, pero posiblemente en aras de no sumergir a su partido en una crisis interna brutal que le hubiera llevado a desaparecer de la Secretaría General. El dedazo de Rubalcaba sólo difiere del de Rajoy en que esta vez no ha sido el líder quien lo ha efectuado sino un grupúsculo de barones territoriales sublevados. Corren tiempos duros para Zapatero, un cadáver político ahora también dentro de su propio partido.

Así que ahora es Rubalcaba contra el mundo. O el mundo contra Rubalcaba. De aquí a marzo de 2012 se van a escuchar numerosas acusaciones veladas y directas a Rubalcaba de ser el culpable del cambio climático, la deforestación del Amazonas, la bala que mató a Kennedy y la crucifixión de Jesucristo. La campaña electoral no va a ser bonita ni agradable. En realidad, la imposición de Rubalcaba como candidato es la mejor opción para el PSOE. Es el único político capaz de arañar ciertos puntos que impidan al PP auparse hacia la mayoría absoluta, está suficientemente amortizado y tras la más que previsible derrota electoral —pese a todo es bastante improbable que le de la vuelta a las encuestas— no se habrá perdido para la causa a ningún joven y prometedor político. Aunque, bien pensado, esto es lo que más inquietud debe crear en Génova. Rubalcaba no tiene nada que perder. Así que arriesgará al máximo. Y eso, en los mundos de yupi de la caverna mediática, se traduce en algo parecido al día de la bestia.

Lectura recomendada | Teoría de una conspiración (Viajero a Ítaca)

lunes, 30 de mayo de 2011

#15M: evolucionar o morir


Antes de que Felip Puig tuviera un arrebato de ineptitud política y enviara a unos cuantos Mossos a apalear manifestantes, las acampadas surgidas tras la manifestación del 15 de mayo en muchísimas ciudades de España se encaminaban hacia su propia desaparición —menguante impacto mediático, problemas variados en el mantenimiento de los campamentos, escasa capacidad operativa—. La indecente paliza que recibieron los acampados de Barcelona reavivó la vida de las acampadas durante el fin de semana, pero pasados los efectos coléricos de lo sucedido en la ciudad condal las acampadas vuelven a dirigirse hacia un futuro incierto.

En general, todo el mundo tiene bastante claro que los campamentos no podrán mantenerse durante mucho más tiempo. Ayer en #acampadasol se debatió durante cuatro horas en Asamblea multitudinaria la posibilidad de marcharse y comenzar a ejecutar acciones concretas de manera deslocalizada en diversos barrios. Una buena parte de las comisiones recomendó desmantelar el campamento cuanto antes. La de Alimentación, por ejemplo, pidió ser directamente anulada puesto que mucha gente aparecía por el campamento, no respetaba los turnos y se aprovechaba del servicio de comidas, haciendo inútil su trabajo. La comisión de Información solicitó no mantener el campamento durante más de una semana. La de Infraestructuras explicó que aquello no se podía mantener indefinidamente. Pese a todo ello, el único consenso al que se llegó en #acampadasol fue el de mantener el asentamiento.

El problema de Sol no es el mismo que el de otras muchas ciudades. #acampadasol es el símbolo del movimiento #15M y, como explicó una chica extremeña al final de la noche, si Sol se retira se retirarán muchas otras ciudades pequeñas cuyo volumen de personas acampadas es bastante pequeño. En Sol se crean inconvenientes que no existen en acampadas más reducidas. La organización tiene que ser mucho más exhaustiva en todas las parcelas del campamento. Los riesgos de que todo salte por los aires son mayores. Los inconvenientes para quienes no participan en la acampada también. La estampa de Sol llena de gente noche sí noche también ha sido muy bonita, pero como no se lucha contra algo en concreto su estancia sigue siendo indefinida. Y eso puede restar fuerza al movimiento.

Anoche un defensor de levantar el campamento vino a decir que al prolongación de la acampada no beneficiaba per sé los objetivos del #15M. Dicho de otro modo: cuanto más tiempo se prolongara más posibilidades existían de que se volviera contrario a los intereses del movimiento. Es posible que la función de las acampadas haya llegado a su fin. Durante las dos primeras semanas del movimiento han tenido un peso importantísimo en tanto que han puesto de relieve que existe una gran masa de gente organizada espontáneamente dispuesta a luchar por un país mejor. La estampa de Sol repleta de 25.000 personas supuso un golpe de imagen sensacional y sirvió de efecto dominó para el resto de ciudades de España. Hola, estamos aquí y no tenemos previsto irnos. Pasado el efecto inicial de sorpresa, toma de posición y protagonismo mediático, las acampadas se ven abocadas a la autodestrucción.

En Barcelona se puso de manifiesto que algunos políticos comienzan a impacientarse. Que la policía autonómica no esté controlada por el Gobierno no es un tema menor. Cuesta creer que el ministro de Interior y previsible candidato a las elecciones generales de 2012, Alfredo Pérez Rubalcaba, cometa una torpeza estratégica tan grande como la de Felip Puig provocando una batalla campal en el kilómetro cero de España y símbolo del movimiento. Ésto último tampoco significa que la seguridad de los acampados esté garantizada. Se desconoce hasta qué punto el Gobierno puede seguir permitiendo que varias acampadas hayan tomado todos los puntos neurálgicos de las grandes ciudades del país.

En el fondo se dirime el futuro del movimiento. Si las acampadas no evolucionan morirán. Y si antes no se ha creado una red organizada en los barrios de todas las ciudades el movimiento perecerá. La opinión pública ya sabe que hay jóvenes que quieren cambiar algo. Ahora es turno de ir barrio por barrio explicando a gente que vive alejada del movimiento cuáles son las reivindicaciones básicas —a las que pocos se opondrán— tratando de concienciar otro tipo de sector social poco dado a dormir en la calle y que aún ve el #15M como un cúmulo de perroflautas vagos y maleantes. Todo el mundo quiere expandirse. El problema es cómo. Si las acampadas no resuelven esta cuestión lo antes posible el movimiento corre peligro.

Imagen | Periodismo Humano

domingo, 29 de mayo de 2011

Españistán

Poco podía imaginar Paco Martínez Soria que su película El turismo es un gran invento serviría de grotesca metáfora de España cuarenta años más tarde de ser estrenada. En aquella película, cuya aparición en las pantallas sólo se explica por la torpeza de los censores, Martínez Soria y López Vázquez representan a dos fuerzas vivas de un pequeño pueblo aragonés que buscaban que la pequeña localidad creciera para así convertirse en una suerte de Benidorm, con playa, hotel y suecas en bikini. En esencia, se trata de un retrato cruel —y posiblemente casi sin querer— de las miserias de la España de la época.

Hoy, en plena resaca de la gran mentira del milagro económico español, seguimos siendo los mismos que en 1968 se desvivían por traer a un grupo de vedettes y cupletistas extranjeras de buen ver a un pueblo recóndito del interior español, tan castizo, tan puramente medieval. España creció durante una década en una gran farsa. En una burbuja que propició el crecimiento desaforado de Audis y BMW en cada esquina; de yates en la costa; de hoteles de lujo en pueblos pesqueros del mediterráneo; de crédito eterno; de una escalada del precio de la vivienda sólo comparable al creciente nivel de corrupción de todas y cada una de las concejalías de urbanismo de la costa del Levante; de rayos uva, pelo engominado, Dolce & Gabbana del rastro y un generalizado y sospechoso olor a sardina.

Cuando quisimos despertar del falso sueño español que vivíamos la realidad ya nos había dado una indecente paliza. Y esto ya no era un país. Era una trampa. Porque esto ya no era España. Era Españistán. Y en realidad no nos habíamos empobrecido: es que nunca habíamos dejado de ser los pobres, incultos y panderetiles personajes de pueblo que retrata Paco Martínez Soria en El turismo es un gran invento.

viernes, 27 de mayo de 2011

No nos peguéis muy fuerte


Listonauta.

Brutalidad policial

El cometido era, oficialmente, limpiar la plaza. Y contra todo pronóstico terminó ensuciada por la sangre de los manifestantes. Brutalidad policial: lo que la política trata de suavizar las cámaras de fotos ilustran con minuciosa fidelidad.








Y cómo olvidar otro ejemplo de honrosa valentía de los Mossos, esta vez prestando ayuda a un pobre discapacitado rodeado de peligrosos manifestantes.


[Todas las fotos están sacadas del Flickr de la #acampadabcn]

La verdadera democracia

La consejería de Interior de la Generalitat, dirigida por este hombre, ha decidido que la acampada de Barcelona podía llegar a ser un estorbo inaceptable en caso de que la afición del Barça tuviera que celebrar la consecución de la cuarta Champions League mañana por la noche. Y que eso no podía ser. Así que esta mañana ha ordenado a los Mossos d'Esquadra «limpiar» la Plaza Catalunya de objetos susceptibles de ser utilizados durante la celebración del título de forma violenta. Y los Mossos se han desempeñado con admirable diligencia.


En la página web de Antena 3 hay muchos más. Por cierto que los Mossos han creído oportuno expulsar a las cámaras de la cadena televisiva de allí. Que quede constancia de la brutalidad policial no ayuda a la hora de promocionar el servicio cívico de las fuerzas de seguridad del Estado. Esta es la verdadera democracia contra la que se pide a los manifestantes que dejen las protestas, que vuelvan a sus casas, que acaten la decisión de las urnas, que circulen y desalojen la sala.

En este momento el desalojo continua en la Plaza Catalunya. Si lo que la Generalitat pretendía era que no hubiera problemas entre acampados y aficionados al fútbol lo que han conseguido es que las acampadas, que comenzaban a languidecer dada su prolongación indefinida en el tiempo, resuciten. Es probable que esta tarde haya más gente en la Plaza Catalunya que ayer. Y en todas las plazas de España. Felip Puig es un auténtico lince.

P.D.

Dos imágenes de El País sobre el desalojo.



P.D.2

Otra imagen. La de un buen miembro de los Mossos practicando un masaje cardiorespiratorio a un pobre asmático al borde de la muerte.

jueves, 26 de mayo de 2011

España exporta el modelo #15M

En Grecia, país sobrado de motivos para comenzar a guillotinar políticos, han comenzado a lanzarse a la calle copiando el patrón español.

El Movimiento 15-M traspasa fronteras. Al menos 7.000 personas, según la Policía, se han reunido este miércoles de forma pacífica en la plaza Sintagma (Constitución) de Atenas, en respuesta a una llamada de los "indignados" griegos para protestar contra las medidas de austeridad del Gobierno, informa Efe. En la concentración, frente al Parlamento griego, una pancarta escrita en castellano con los colores de la bandera española reza: "Estamos despiertos ¿Qué hora es? Ya es hora de que se vayan".

Convengamos. Es una excelente noticia que, en los tiempos que corren, España haya sido capaz de exportar algo como modelo a seguir. Aunque ese algo sea la forma de expresar el descontento generalizado y creciente de la población. La estampa de los ocho mil griegos tomando una de las plazas más importantes de Atenas contrasta con la que hace un año ofrecía el mismo país, envuelto en barricadas y altercados entre jóvenes y fuerzas antidisturbios durante las frecuentes y alborotadas huelgas generales.

Todo parece indicar, no obstante y para su desgracia, que el destino de los griegos se decidió hace tiempo.

martes, 24 de mayo de 2011

El experimento de Badalona

Hace un año, en plena campaña electoral previa a las elecciones autonómicas en Cataluña, el PP utilizó de un modo vago e impreciso parte del discurso xenófobo con el que más tarde Anglada obtendría casi cien mil votos y con el que buena parte de la extrema derecha europea llevaba años causando pavor en algunos países del norte. Alicia Sánchez Camacho no supo llevarlo a la práctica tan bien como Xavier García Albiol, que desde una posición más secundaria como líder del Partido Popular en Badalona sí ha sabido durante los dos últimos años. Primero, si realizamos un ejercicio de retrospectiva, saltó a la fama por repartir en Badalona una serie de folletos criminalizando a los gitanos rumanos de todos los males habidos y por haber en la ciudad catalana. Más tarde se mantendría en la cresta de la ola gracias a declaraciones del todo compatibles con los argumentos más exitosos del Frente Nacional.

España era hasta la fecha el único gran país —junto con Alemania, por motivos históricos evidentes— en el que no había surgido con fuerza un partido de extrema derecha que radicara sus principales argumentos políticos en el control de la inmigración y la preservación de la identidad nacional propia, signifique lo que signifique esto último. El motivo era bastante evidente: un sólo partido, el PP, ocupaba todo el espectro político desde el centro hasta la derecha más echada al monte —o lo que es lo mismo, desde Basagoiti hasta Mayor Oreja—. Todo esto cambió, parcialmente, en Cataluña, donde surgió Plataforma Per Cataluña, de Josep Anglada, y ejerció de islamófobo de turno aglutinando alrededor de 75.000 votos. Insuficientes para entrar en las Cortes, pero sobradamente preocupantes.

El éxito relativo de Anglada debió inquietar en el PP catalán, que observó cómo un partido podría llegar a hacerle la competencia en un campo, el de las dudas respecto a la inmigración, tradicionalmente reservado a ellos —y utilizado desde un modo muchísimo más suave e indirecto que Anglada—. Así que por pura inacción, sin frenarlo ni alentarlo, el PP ha utilizado durante esta campaña electoral a García Albiol como fase beta de un discurso más áspero y conflictivo en lo tocante al control de la población inmigrante. El resultado ha sido bastante positivo.

García Albiol ha obtenido unos resultados ciertamente espectaculares. Posiblemente parte de su boyante crecimiento tiene que ver con la generalizada crecida popular en todos los rincones de España, por lo que su victoria en Badalona, de la forma en la que lo ha conseguido, ha pasado desapercibida entre otros temas más llamativos de cara a la opinión pública. El Partido Popular en Badalona ha conseguido 10.000 votos más que en las elecciones de 2007. Una brutal subida de doce puntos respecto a los anteriores comicios en lo que se puede calificar como un puñetazo en la mesa descomunal. Lo más gracioso de todo el asunto es que ni siquiera le ha robado parte del electorado al PSOE. Es más, lo aún más gracioso de todo el asunto es que el PSOE apenas ha bajado punto y medio respecto a los comicios de 2007.

García Albiol ha conseguido que su mensaje cale profundamente. Doce puntos es una salvajada. Más aún si tu principal rival no sólo no ha perdido votantes sino que además los ha ganado —por no hablar de que CiU ha perdido 2.000 votantes únicamente—. La mayor parte del voto nuevo de García Albiol proviene, esencialmente, del descomunal descalabro de Ciutatans —de 3.000 votos a 900—, Iniciativa y Esquerra. Estos dos últimos partidos son de izquierda. Al igual que en Francia, donde Le Pen se abasteció principalmente del electorado que abandonó a los comunistas, el voto de izquierda, el voto de izquierda de clase baja, no ve con malos ojos que un partido tradicionalmente vinculado a la derecha aborde el tema tabú del control de la inmigración.

Con estos resultados el Partido Popular puede dar por válido el experimento efectuado en Badalona. El discurso xenófobo funciona abiertamente y lo hace con un electorado que siempre ha estado alejado de su público objetivo. Puede inferirse de la poca reprobación que ha tenido García Albiol desde Génova 13 que Badalona ha sido la primera toma de contacto seria del PP con las posturas más radicales de la derecha, y que, visto el éxito, lo aplique levemente —o si son atrevidos con descaro— en las próximas elecciones generales. Hay ingredientes de sobra para que una estrategia como la de Badalona tenga éxito a nivel nacional: crisis económica, tasa de paro brutal —y población que ve al inmigrante como un competidor ilegítimo en el mercado laboral—, expectativas más que evidentes de victoria —y por tanto riesgo mínimo— y desintegración progresiva del PSOE.

No es imposible imaginar a Rajoy diciendo cosas como éstas o como éstas — aunque quizá sea demasiado arriesgado y demasiado pronto para utilizar un mensaje tan agresivo. Más aún cuando el PP tendría en su mano la posibilidad, quizá más remota a nivel nacional, de atraer a una parte de la sociedad habitualmente en las antípodas de su votante medio: el obrero de clase baja. Habrá que seguir con atención la evolución del discurso popular de aquí a las generales, puede suponer un punto de inflexión en la política nacional.

P.D.

Otra estupenda noticia. En Alcalá de Henares España 2000, un partido de extrema derecha que deja en moderados a los tertulianos de Intereconomía, ha logrado un escaño.

P.D.2

Un anónimo en los comentarios propone otra teoría que explica el trasvase de votos en Badalona a favor de García Albiol.

Para mi está muy claro que la polarización antixenofobia ha hecho que votantes de ICV y C's voten PSC para evitar que ganase el PP. Los votos del PP no vienen de estos partidos.

Los votos del PP, obviamente, vienen del descontento. Del descontento de una población que, por parámetros sociológicos, debería ser votante del PSOE. O sea, de desencantados del PSOE. Nada de clases altas o medias o similar votando al PP (como sí que ocurre en otras ciudades del cinturón, p. ej. Castelldefels)

En el caso de que Albiol no hubiese adoptado este discurso (o el PP adoptado a Albiol), el caso es que habríamos visto un PP con muchos menos votos un PSOE con un hundimiento dentro de la banda del cinturón de Barcelona, una ICV con una gran subida, C's igual y PxC con unos cuantos concejales en una de las quince ciudades más pobladas de España. O sea, una cosa similar a Mataró, l'Hospitalet, etc.

El votante del PSOE pasa a votar al PP. El votante de ICV y C's pasa a votar al PSOE para evitar el crecimiento desaforado de García Albiol gracias al discurso xenófobo. Y llega al mismo punto: el discurso de García Albiol ocupa la franja política que pertenece a PxC. Los hunde. El PP, si se pone, es perfectamente capaz de impedir que crezca un partido ultraderechista a nivel nacional ejerciendo ellos mismos de radicales anti-inmigración.

Lectura recomendada | García Albiol: "Las canchas de baloncesto o las plazas públicas no son lugares para rezar" (Minuto Digital)

Belloch sigue vivo a pesar de todo

En un contexto de hecatombe absoluta en todo el territorio nacional, el PSOE sólo ha encontrado seis buenas noticias entre la marea de desastres del pasado domingo. Por este orden: Extremadura, Toledo, Tarragona, Lleida, Cuenca y Soria. En Extremadura es probable que Fernández Vara gobierne en coalición con Izquierda Unida. No es ningún consuelo: en una plaza tradicionalmente socialista el PP también ha desmontado cualquier tópico. Toledo, Cuenca, Tarragona, Lleida y Soria son las únicas capitales de provincias en las que los socialistas han ganado. En el caso de Soria han logrado mantenerse en el gobierno, al igual que en Lleida; en las ciudades manchegas lo han recuperado —por lo que podemos imaginar sin dificultad la calamidad que el PP ha perpetrado en la gestión de sendos ayuntamientos—; y en Tarragona la alcaldía pende de un hilo ya que PP y CiU podrían pactar — además de expectativas de gobierno en ciudades como Vigo o Vitoria.

Y a partir de ahí el desierto. Si estas son las buenas noticias se pueden imaginar cómo son las malas — pérdida de Aragón, Barcelona, Sevilla, Castilla La Mancha, Asturias, descalabro brutal en Madrid, Valencia, Baleares, Murcia, Castilla y León, Euskadi, etcétera. Así que entre tanta desazón, al PSOE se le presenta una oportunidad única para apuntarse un tanto feliz en estas municipales: el Ayuntamiento de Zaragoza.

En Zaragoza Belloch ha perdido la mayoría en el salón de plenos tras ocho años de mandato en los que hay luces bastante refulgentes y sombras muy punibles. Entre las luces está el rejuvenecimiento innegable de una ciudad que hace ocho años parecía sacada directamente de los 70: apertura de numerosos espacios verdes, remodelación de espacio urbano absolutamente desvencijado, implantación exitosa de carriles bicis y sistema de alquiler de bicicletas, proyección de tranvía, mejora de todos los accesos a la ciudad y, en términos generales, un lavado de cara bastante necesario para que Zaragoza sea la agradable ciudad que es. La mayoría de las sombras vienen precisamente por todo lo anterior: el de Zaragoza es uno de los ayuntamientos más endeudados de España —lo cual a algunos votantes les parece inaceptable—. También en el apartado de errores a Belloch cabe achacarle una política bastante mediocre en lo relativo al fomento de la cultura —esencialmente la musical—, el desastre reconocido del nuevo estadio de fútbol y el estado de las VPO de Valdespartera.

En fin, un alcalde. Con sus aciertos, con sus errores, pero un alcalde activo. La paliza recibida en las urnas —el PP ha obtenido 15 escaños, a uno de la mayoría absoluta; el PSOE 10— no parece que tenga tanto que ver con el estado de la ciudad como con la política de Moncloa. En fin, lo que le ha sucedido al PSOE en numerosas ciudades. Pese a ello, Belloch sigue con vida gracias a Chunta Aragonesista y a Izquierda Unida, que han obtenido tres escaños cada uno y que dejan abierta la posibilidad de que haya un gobierno de coalición entre las tres fuerzas a la izquierda del Partido Popular en Zaragoza. Sería una de las pocas noticias realmente importantes que el PSOE podría rescatar de las elecciones municipales. No en vano, de gobernar, sería la última gran ciudad de España que mantendría.

En Zaragoza la situación está realmente interesante, a pesar de que en los medios de comunicación nacionales no se habla demasiado de ello. Por un lado tenemos al Partido Popular, que a estas alturas debe estar maldiciendo la debacle electoral del PAR en la capital aragonesa. Porque, lejos de Biel y del mundo rural, el PAR es un partido en innegable recesión. De haber obtenido el PAR el concejal al que aspiraba el PP tendría la investidura hecha. Sin los regionalistas sus apoyos se reducen ostensiblemente y descartada la opción de Izquierda Unida —Lara ha afirmado que con el apoyo de su partido el PP no gobernará en ningún sitio—, a Eloy Suárez, candidato popular, le restan dos posibilidades: la abstención de CHA o la de Belloch.

Ambas son meras suposiciones. En una entrevista poco después de conocerse el resultado de las elecciones, Suárez afirmó sentirse legitimado para gobernar en la ciudad. El mensaje oculto iba dirigido hacia Belloch: ¿está legitimado para gobernar con diez escaños? Sí si obtiene el apoyo de Izquierda Unida —nada descartable— y Chunta Aragonesista. La segunda opción es algo complicada. En la primera legislatura de Belloch el PSOE gobernó junto a CHA. En las siguientes elecciones el desgaste durante el gobierno de Chunta se transformó en un desastre electoral que permitió a Belloch pasar a formar coalición con el PAR — ahora la jugada se ha vuelto a repetir tras el hundimiento de los regionalistas. Es algo que en CHA aún duele. Y es algo que, si Belloch pretende formar gobierno, le puede pasar factura.

Todo ello si lo pretende. Porque cabe la posibilidad de que al alcalde ahora en funciones le entre un ataque de orgullo político y se abstenga en la votación de investidura, permitiendo a Suárez gobernar en minoría. Ésto último, a buen seguro, no sería algo que hiciera especial gracia en Ferraz. Regalar así, por orgullo, tal y como han ido las elecciones, la quinta ciudad de España.

En caso de que el PSOE decidiera intentar formar gobierno, todo dependería de CHA. O gobernar en coalición con IU y Belloch o permitir mediante su abstención que Suárez se proclame alcalde de Zaragoza. Parece algo descabellado pensar que un partido nacionalista de izquierdas permita por inacción que el PP gobierne, pero al votante medio nacionalista no le gusta más Belloch que Suárez, y la primera legislatura de gobierno está demasiado reciente en el imaginario de Chunta. Algo que se ha podido comprobar en la agria y dura oposición que el partido nacionalista ha llevado a cabo durante los últimos cuatro años. Está en manos de CHA.

lunes, 23 de mayo de 2011

Mapa electoral


Se trata de una lectura eminentemente agria. Alrededor de once millones de españoles, pudiendo votar, no lo han hecho, lo cual convierte a la abstención en la opción política mayoritaria. No obstante, se trata de una lectura general y bastante sesgada por dos motivos: la abstención ha bajado tres puntos respecto a las últimas elecciones locales y en la gran mayoría de municipios y autonomías no supone una opción mayoritaria. Ni se aproxima a ello, de hecho.

No parece que el #15M haya tenido una gran influencia en los resultados electorales. Lo cual no debe ser ningún motivo de preocupación para quienes lo apoyan ya que no se encontraba dentro de sus principales planes. Las protestas van más allá de unas elecciones porque, precisamente, una de sus principales reivindicaciones es hacer de la democracia algo más que depositar un voto cada cuatro años.

Vía | @bernardosampa

El éxito de Bildu

El éxito de Bildu permitirá acelerar la apuesta de la izquierda abertzale por la política y el abandono completo de la sumisión a ETA. Los sectores de Batasuna reticentes (y minoritarios) a ese proceso tendrán menos razones para obstaculizarlo.

El fin de ETA está ahora más cerca porque queda desmentida de raíz la idea de que la desaparición de la organización terrorista supondría inevitablemente la desaparición también de la izquierda abertzale. La gran paradoja es que los pistoleros y cierta prensa de Madrid mantenían la misma hipótesis, obviamente desde análisis opuestos.

Guerra Eterna.

Biel siempre gana

Como no podía ser de otro modo, el único político que en Aragón siempre gana es José Ángel Biel. Para quienes no le conozcan, Biel lleva siendo la bisagra política que engrana todos los gobiernos de coalición de la comunidad desde hace una década gracias a una sorprendente capacidad de no hacer política. Su partido, el PAR, puede definirse como un partido sin ideología en el que el único requisito para acceder a los puestos de poder es tener una generosa cartera. Posiblemente si le preguntan a cualquier ciudadano aragonés sobre la posición ideológica de Biel verán cómo se escudriña la cabeza —generalmente con nulo éxito— para encontrar en su memoria algún gesto que delate al hasta ayer vicepresidente de la Diputación General de Aragón. Pese a todo ello —precisamente por todo ello— Biel siempre gana. También anoche tras perder dos escaños en relación a 2007.

Biel vuelve a ser la llave de la gobernabilidad en Aragón. El Partido Popular ha dejado claro que en las elecciones autonómicas no importa demasiado la gestión de la comunidad si el partido que gobierna en Moncloa cuenta con una aprobación popular bajo mínimos. La paliza que ha recibido el PSOE en la DGA ha sido excesiva y posiblemente inmerecida, pese a que una derrota era previsible tras ocho años de gobierno en una comunidad donde el paso del tiempo es puro desgaste en el poder en un contexto de pluralidad política y con un electorado de natural inconformista. Así las cosas, el PP ha obtenido 30 escaños —los mismos que el PSOE en 2007— por los 22 del PSOE, 4 de Chunta Aragonesista y 4 de Izquierda Unida. Los cálculos de Biel son los siguientes: la derecha obtiene 30 escaños y la izquierda en coalición otros 30. Y en medio el PAR. Así que gobernará el que mejor me practique a mí, José Ángel Biel, puto amo de Aragón, una felación.

Biel dijo hace no mucho tiempo que sólo formaría gobierno si obtenía ocho escaños o más. Ha conseguido siete. No es un impedimento que acucie la conciencia del líder del PAR, cuyas aspiraciones políticas no pueden quedar cercenadas por meras promesas y palabras incumplidas.

La cuestión es que, en cierto modo, a Biel no le falta razón cuando se yergue en la llave de la gobernabilidad en la comunidad. Ni Izquierda Unida, ni Chunta Aragonesista, ni PSOE permitirán con sus votos que Luisa Fernanda Rudí gobierne en la Aljafería, por lo que el PP necesita de un modo u otro que el PAR le apoye en la investidura. No obstante, pese al triunfalismo de Biel, las esperanzas de un posible tripartito en coalición con el PAR —¡un Gobierno de cuatro partidos, en España!— son bastante limitadas, por lo que al PP le bastará con ofrecer la consejería de Obras Públicas a Biel para que éste acepte gustosamente el pacto. Eso y, probablemente, la vicepresidencia de la DGA para el ínclito líder del Partido Aragonés. Dos escaños menos y Biel sigue donde siempre ha estado. Se trata de un fenómeno político difícilmente repetible en el resto del país.

Las elecciones en cinco cifras

1) El Partido Socialista Obrero Español ha perdido 1.500.335 votos respecto a las elecciones autonómicas y municipales de 2007. Es el mayor desastre electoral de la historia de la democracia y pone de manifiesto que la política nacional prima sobre la local —lo cual es enormemente contraproducente—.

2) El Partido Popular ha sumado 539.226 votos. Se cumple el tópico: pase lo que pase la derecha obtiene unos resultados muy similares. El trasvase de votos PSOE - PP no ha sido excesivamente alto.

3) Tampoco los votos del PSOE han ido a parar a Izquierda Unida masivamente. Su ascenso ha sido de 204.752 votos. En un contexto de crisis total y absoluta del principal partido de la izquierda lo más normal es que IU hubiera pegado un petardazo legendario en las autonómicas y municipales. Si no ha sido así ya no se puede culpar al sistema electoral. Algo falla en Izquierda Unida.

4) ¿Y dónde han quedado los más de 700.000 votos restantes que ha perdido el PSOE? Una buena parte de ellos en UPyD. 464.374 votos, en una subida mayor en proporción, —mediática, estructural, social y económica— mucho mayor, que la del PP. Es un aviso de cara a 2012 al que nadie le está prestando demasiada atención.

5) Bildu. Es la otra gran noticia de la noche. La campaña mediática que le ha regalado gratuitamente la derecha ha servido para que sume de un plumazo 313.231 votos —a ¡13.000! del PNV—. Se ha erigido como la primera fuerza política de Guipúzcoa y se ha llevado el Ayuntamiento de San Sebastián —en detrimento del PSOE—. Parece evidente que de no haber podido presentarse las elecciones hubieran estado adulteradas. Y que la derecha mediática es enormemente estúpida: ya sucedió en 2004 con Carod Rovira y ERC y no han aprendido absolutamente nada desde entonces.

[La totalidad de los resultados aquí]

domingo, 22 de mayo de 2011

Municipales y autonómicas: primeros sondeos

Aragón Televisión acaba de publicar un sondeo realizado por IPSOS. En las Cortes:

  1. PP: entre 27 y 30 escaños.
  2. PSOE: entre 22 y 25.
  3. PAR: entre 8 y 9.
  4. Chunta Aragonesista: entre 4 y 5.
  5. Izquierda Unida: entre 3 y 4.

Ayuntamiento de Zaragoza:

  1. PP: entre 13 y 15.
  2. PSOE: entre 9 y 11.
  3. Chunta Aragonesista: entre 2 y 3.
  4. Izquierda Unida: entre 2 y 3.
  5. PAR: entre 1 y 2.

La lectura primaria es evidente: el Partido Popular arrasa también en Aragón en contra de todos los pronósticos. La victoria no es exigua ni ajustada, sino todo lo contrario, algo que no entraba dentro de los planes, posiblemente, ni de populares ni de socialistas. Ahora mismo está compareciendo Carlos Pérez Anadón en Aragón Televisión explicando que el sondeo ha hecho estallar por los aires los que se han ido publicando durante toda la campaña y que el PSOE maneja otros más fieles a lo publicado en la última semana, pidiendo precaución y advirtiendo sobre lo largas que son las noches electorales. El mensaje suena a asunción de la derrota.

Tanto en las Cortes como en Zaragoza PP y PSOE se intercambiarían, casi de forma exacta, posiciones y escaños respecto a las autonómicas y municipales de 2007. O lo que es lo mismo: una derrota descomunal de los socialistas. No obstante, el sondeo de ATV debe ser cogido con pinzas. Es muy pronto para hablar de resultados cercanos a lo definitivo.

Iconos del #15M

O algunos eslóganes de la #acampadazgz:







sábado, 21 de mayo de 2011

La vida sigue en la #acampadazgz

Y a las doce de la noche no sucedió absolutamente nada. La policía en la Plaza del Pilar era inexistente. Los rumores de la noche anterior que apuntaban a un posible desalojo murieron en el mismo momento en que la gente, en cantidades industriales, comenzó dar viveza y color al punto de acampada en Zaragoza. Anoche la Plaza del Pilar era un crisol de sonrisas, buen rollo y felicidad. Los acampados habían ganado el pulso, la protesta continuaba. Aquí y en toda España.





viernes, 20 de mayo de 2011

Sobre desalojos, juntas electorales y propuestas concretas del #15M

La Junta Electoral Central ha dado orden de desalojar todas las concentraciones a partir de las doce de esta misma noche con motivo del inicio del día de reflexión. En un post de imprescindible lectura en días como éstos en los cuales el ruido convenientemente fomentado voluntariamente por sectores de la derecha —e involuntariamente por determinados grupos autodenominados de izquierda que están bien asentados en la red—, Andrés Boix Palop, en La Página Definitiva, cita a Miguel Ángel Presno para exponer por qué la prohibición de la JEC es difícilmente compatible con la Constitución:

(...) la Junta Electoral Central ha decidido que no se pueden celebrar las concentraciones previstas para el sábado. La prohibición se fundamenta, según dicha resolución, en que nuestra legislación prohíbe actos de campaña electoral el día de reflexión y el de las elecciones; también trata de evitar que se formen grupos de personas que impidan el ejercicio del sufragio y, asimismo, no se puede pedir el voto para ninguna de las candidaturas concurrentes ni tampoco la exclusión de cualquiera de ellas. La Junta ignora la propia Ley Orgánica de cuya intepretación es actor autorizado: primero, la finalidad de estas convocatorias no es captar sufragios para las diferentes candidaturas, por lo que no hay un motivo constitucionalmente válido para impedir el ejercicio del derecho fundamental de reunión; segundo: en un Estado democrático el debate político no se reduce al debate electoral ni los únicos legitimados para expresarse políticamente son los concurrentes a unas elecciones; tercero: tal cosa debe ser así incluso en la jornada de reflexión, como declaró el Tribunal Constitucional el año pasado cuando anuló, por inconstitucional, una resolución que había impedido conmemorar el Día Internacional de la Mujer por estar convocada el día previo a unas elecciones autonómicas; cuarto: la Junta Electoral ignora también que en democracia no hay un día del derecho de reunión o de la libertad de expresión; todos los días son días para el ejercicio de los derechos fundamentales, salvo, como ocurre precisamente con el sufragio, que se trate de derechos que por la propia previsión constitucional se ejercen cada cierto tiempo (...)

El Gobierno, de la mano de Rubalcaba, ha dejado entrever que la actuación policial sólo llegará si se observan actos violentos en las diversas concentraciones. Es decir, no habrá desalojo si no hay altercados del orden público. Nada que no se viniera aplicando durante los últimos días. No obstante gran parte de los acampados en las plazas de las distintas ciudades se muestran escépticos al respecto —al menos en Zaragoza— y durante el día de ayer y de hoy han impartido charlas y coloquios en los que han explicado métodos de defensa ante el posible desalojo.

Las medianoche de hoy va a ser un punto de inflexión clave en el desarrollo posterior del fin de semana. Si no pasa nada, las concentraciones seguirán creciendo. Si la policía actúa los resultados son imprevisibles.

El post de Boix, decía. Imprescindible porque condensa el sentir general de la mayoría de las concentraciones. Éste último no es un tema menor. Durante los últimos días han proliferado los analistas que se han dedicado a escudriñar hasta la última coma de una serie de propuestas alojadas en la web Democracia Real Ya, la misma que sirvió de plataforma para las manifestaciones y concentraciones de la semana. Hay que recordar que Democracia Real Ya es una plataforma que permitió la organización espontánea de todo este jaleo, pero no representa a los miles de indignados que han tomado las calles. Esas propuestas están muy bien, en algunas estoy de acuerdo, en otras no. Pero utilizarlas para deslegitimar el cabreo generalizado que se ha apoderado de las calles es caer en la más burda demagogia. Palop Boix lo que hace es recordar cuáles son los aspectos generales que han llevado a gran parte de la ciudadanía a la calle:

Este modelo de democracia de muy baja calidad, muy impermeable a las demandas de los ciudadanos, muy fortificada frente a la aparición de alternativas y ante la posibilidad de que gente de fuera del sistema de partidos dominantes pueda llegar a pintar algo, una democracia con unos déficits participativos enormes, es precisamente lo que están criticando los acampados. Porque quienes critican a los que protestan por la heterogeneidad de sus reivindicaciones no se han dado cuenta todavía (y es que, caray, hay que repetirse, pero es que sí, es que no se enteran) de que sí hay un potentísimo hilo conductor en la protesta: queremos una democracia de verdad, una en la que cuente la opinión de los ciudadanos y no la de unas minorías supuestamente benévolas que nos dicen lo que es mejor para nosotros. La idea, nada descabellada, que late en toda la acción del movimiento #15M, desde su génesis a su desarrollo actual, es la misma y es muy unitaria.

Y ya está. Quítense la cabeza de que cuatro perroflautas tratan de organizar la política del país desde unas cuantas asambleas desorganizadas bajo carpas improvisadas en la Puerta del Sol. No le hace ningún favor a un movimiento puramente ciudadano cuyo origen es un impresionante hartazgo.

P.D.

Bonus track de material a leer. En Periodismo Humano están dando una cobertura excelente del mayo de 2011. Aquí un tablón general donde se cuelgan vídeos, fotos, mapas y breves muy útiles. En el resto de la página un montón de reportajes todos ellos muy interesantes y muy bien escritos.

P.D.2

El blog de la #acampadazgz. Y esta es la programación de esta tarde:

- 17:00 Taller de desobediencia civil.
- 18:00 Taller de resistencia activa.
- 19:00 Concierto reivindicativo
- 20:00 Asamblea.
- 23:30 Chocolatada y música clásica.
- 00:00 Cacerolada.

Posiblemente esté por ahí antes de las doce.

P.D.3

Es, posiblemente, la imagen-símbolo más poderosa de todas las concentraciones.

(la foto la tomó Jacobo Méndez y la he encontrado en Escolar.net)

Viñetas #15M





Vía | JR Mora | Manel Fontdevila | Vergara | El Roto

Demócratas de toda la vida

Esto que está pasando, además, está sirviendo para otras cosas: para retratar a aquellos demócratas de toda la vida, aquellos que presumían de correr delante de los grises y que hoy piden sin tapujos que los reunidos se disuelvan, que callen como borregos y que voten cuando les toca; eso sí, a las opciones que ellos dicten, las que consideran buenas y veraces. También retrata a presuntos “periodistas”, vergüenza de su profesión, que utilizan los medios a su alcance para manipular, intoxicar, mentir, y lo repito más veces, mentir, mentir y mentir. Sin un atisbo de decencia ni de integridad, sin amor alguno por la verdad; esas cosas que muchos de ellos adoraban al escoger ese oficio y que hoy violan salvajemente y sin condón mientras lamen el orto de quienes deberían controlar. Hundidos en su propia basura, comidos por sus propios gusanos.

Otis B. Driftwood en su blog. A-plau-so.

Una noche en la #acampadazgz


Pese a que la Asamblea oficial había terminado horas atrás —en la Plaza del Pilar, Zaragoza, se celebra diariamente a las 20:00—, a medianoche el bullicio era fabuloso. Las tiendas de campaña se habían triplicado en relación a las existentes a mediodía y alrededor de las carpas había gente de toda condición pero mayoritariamente joven. La hilera de tiendas se extendía desde la fuente que da inicio a la extensa Plaza del Pilar, junto a la calle Don Jaime, hasta el último macetero que se situaba enfrente del Ayuntamiento, antes de llegar a la Basílica del Pilar. Es decir: frente a la totalidad del Ayuntamiento y muy cerca de la puerta de entrada de la mayoría de ediles de la ciudad. En relación a la mañana también habían aumentado el número de carteles. Varias columnas de los pórticos frente al Consistorio estaban repletos de consignas y lemas, a semejanza de los existentes en la Puerta del Sol.

La mayoría de la gente se hallaba en sus tiendas, unos con mayor fortuna y comodidad que otros, charlando entre ellos, cenando o tomando un pequeño reposo. Alrededor de la carpa de la Asamblea se había formado un corro de debate bastante interesante. Horas antes la Junta Electoral había decidido que las diversas concentraciones durante la jornada electoral y de reflexión —domingo y sábado— eran ilegales conforme a lo que estipulaba la ley. En la carpa, los encargados de la comisión de comunicación de la acampada debatían con otros acampados una posible salida al asunto. En general se intuían dos corrientes de opinión: por un lado quienes abogaban por mantener el campamento a toda costa y bajo cualquier circunstancia y por otro, mínima, que apostaba por levantar las tiendas el sábado, respetar a la Junta y volver a colocarlas el lunes, tras las elecciones. Algunos tildaban de suicidio esta opción.

Posteriormente se «descubriría» que la propuesta de levantar las tiendas la había expresado un posible policía secreto. Se trataba de un tipo bien vestido de unos cuarenta años de edad que desentonaba con el paisanaje. En la Asamblea de madrugada una chica, con bastante poco tacto, le acusó frente a todos los acampados de ser policía secreta. El sospechoso sonrió a mitad de camino entre la ironía y la profunda tristeza. Nadie pudo demostrarlo y desde entonces la posibilidad de irse quedó en un segundo plano para debatir sobre cómo defenderse cuanto llegue el desalojo. En fin. Como en la carpa de la carpa había cada vez más gente y se temía que desde el resto del campamento se creyera que «unos pocos» tomaran decisiones correspondientes al grupo se decidió convocar una Asamblea en media hora.

Todos conformes en ese punto. Alguno expresó que no le gustaba la idea, que la Asamblea de anoche había terminado siendo pura «sangre» verbal entre los acampados de distintas posturas. Antes de comprobarlo, estalló un pequeño conflicto. A alguien del Ayuntamiento, pasada la una de la madrugada, se le ocurrió que no era buena idea que el alcalde entrara por la mañana por la puerta del edificio viendo una pancarta en la que se compara su sueldo y el sueldo mínimo interprofesional, por lo que decidió que dos policías locales tendrían que retirarlas. Los dos policías lo arrancaron. Acto seguido se formó un gran revuelo. Algunos —de aspecto marcadamente antisistema— increparon a los agentes. Uno de ellos le empujó —con bastante levedad—. Otro le arrancó el cartel de las manos. Varios de ellos les rodearon de forma, digamos, inquietante. Al ver lo que podía suceder muchos otros, creyendo que la pacífica protesta saltara por los aires, acudieron a rodear a los policías para evitar males mayores. Se formó un cordón «de seguridad» mientras quienes más en contra se mostraron con los policías les dedicaban cariñosos apelativos de todo tipo como «perros» o lindezas del estilo, tampoco nada fuera de lo previsible.

Se puso de manifiesto que en el campamento había un choque de, digámoslo así, culturas. Por un lado la gente que salía por primera vez en su vida a protestar continuadamente contra el sistema. La mayoría de ellos jóvenes preparados y formados cuyas relaciones violentas en el pasado pudieran resumirse en algún que otro altercado colegial. Se puede inferir de ellos que todo lo relativo a movimientos contra el sistema, casas de ocupación y estética punki les produce no miedo pero sí cierto componente de inestabilidad en sus planes de organización y proclamas idealistas. Por otro, el grupo de personas que durante toda su vida han sido antisistema, han acudido a manifestaciones, a casas okupas y que han vivido en sus carnes la brutalidad, generalmente, de la Policía Nacional cuando de desalojar lugares se refiere. Esto es, los punkis, bastante hostiles ante cualquier acción policial y ante cualquier cosa que sea azul y tenga sirena —cosa comprensible si se imagina sus posibles y pasadas desavenencias con la Nacional—.

En general dos formas de enfrentarse a posibles injerencias externas de la policía. Por un lado quienes a cualquier acto que conlleve la palabra «respuesta» o «violencia» lo consideran tabú y quienes observan en la expresión «protesta pacífica» una forma bastante endeble de someterse a cualquier decisión policial, como desalojar la acampada. Así, en gran alboroto, durante la Asamblea general, defensores de unas y otras posturas trataron de ganar un debate estéril en tanto que cada uno haría lo que le diera la gana. Los más expertos advertían más tarde, en conversaciones reducidas, del peligro de ser arrestado por la policía mientras te manifiestas de forma «ilegal» —multas— y explicaban que cuando se referían a «responder» a la policía sus acciones pasaban por intentar que no se llevaran a nadie. «Yo no voy a pegar un puñetazo a ningún madero, tío», contaba uno de ellos a un par de chavales, «si lo hago, en plena Plaza del Pilar, con cámaras por todas partes, puedo terminar en la cárcel». Dentro de los expertos era la visión más moderada. Dentro de esos mismos había otra tendencia, más minoritaria, cuyas opiniones se exponían con menos almíbar y apuntaban directamente a la policía como el enemigo y alertaban sobre la necesidad de defenderse y lo inútil de aplicar teorías no violentas. «Una cosa es ser pacifista y otra ser pacífico», se escuchó en plena Asamblea. Ese debate derivó hacia un inútil maniqueísmo sobre lo bueno o malo de la lucha, muy alejado del por qué de la concentración.

El problema de la Asamblea —en el fondo de toda Asamblea que reúna a unas trescientas personas— era que en un contexto de dos corrientes de opinión y un gran número de gente debatiendo grupalmente, las posturas se maximizaban y los matices se difuminaban. Así todos terminaban encasillando a cualquiera que no piense más o menos como ellos en la corriente contraria. Y el debate y la posibilidad de un acuerdo se evapora. O eras un violento que quería quemar el Pilar o eras un panoli que iba a colaborar con los nacionales en la recogida de tiendas de campañas. En realidad no servía de nada: cada uno mantendría su forma de actuar. Y todos intentarían salvar su culo del mejor modo que pudieran ante un eventual desalojo.

Respecto a la posibilidad de abandonar la Plaza sábado y domingo la mayoría tenía claro que eso era imposible. El problema surgió en la forma de debatirlo. Unos apostaban por la Asamblea —algo bastante infructuoso, como se estaba demostrando— y otros por pequeños grupos de debate de los que saldría un portavoz para posteriormente poner todas las ideas en común. Ésto último parecía una buena opción. El grupo de tradicional militancia antisistema se negó en rotundo. Asamblea o muerte — o que nadie decida por nosotros. Aquí tampoco se llegó a un acuerdo. Todos exponían sus posturas. Pero el debate era eso: un debate sin aplicación práctica. Es imposible lograr un intercambio positivo de ideas entre trescientas personas a la vez. Más aún si hay exaltados y borrachos que trollean la conversación y la calidad de sus aportaciones es sencillamente de parbulario.

El problema era la inactividad. Estar allí, quietos, durmiendo o en tiendas de campaña no es algo que consiga derribar el sistema, o lo que quiera que se quiera derribar. Así que, al ser un grupo lo suficientemente amplio como para tener conciencia colectiva y de actuación pero todavía pequeño como para que la organización sea levemente probable —no como en Sol, donde dudo mucho que se pueda dar un episodio como éste—, la gente tenía ganas de hacer o decir algo cuando en realidad la solución a todas sus inquietudes era mucho más sencilla: seguir allí, aguantar el tirón y salvar el culo si carga la policía. Mantener viva la llama de la protesta lo declare la Junta ilegal o no. Se está protestando contra el sistema, qué más da lo que diga el sistema. Pero allí siguieron, charlando y debatiendo, demostrando ante todo que quienes salen a la calle son en su mayoría un hervidero de ideas.

La estampa era desesperante y al mismo tiempo fascinante. Alrededor de las tres de la mañana me marché. Allí seguían todos, volcando en el debate una gran amalgama de ideas y ganas de actuar —aunque no supieran qué hacer—. Si no estalla todo antes por los aires, el 15M es el germen de una conciencia generacional que quizá logre cambiar, aunque sea levemente, la faz del país.

P.D.

Más fotos de la acampada del Pilar aquí.

P.D.2

Estas son algunas fotos que saqué ayer por la mañana, cuando todo estaba mucho más tranquilo.




Imagen | Flickr de Petaqui

jueves, 19 de mayo de 2011

Lo llaman democracia y no lo es

Que un movimiento ciudadano surgido del cabreo de la gente y no de organizaciones significadas políticamente tome las calles de las principales ciudades de España, movilice a gran parte del electorado joven bajo un patrón de protesta de contornos difusos pero bastante poderosos y colapse la Puerta del Sol es un hecho anómalo difícil de asimilar para numerosos políticos y analistas. Ayer, sin ir más lejos, la Junta Electoral de Madrid intentó prohibir la manifestación espontánea que había ocupado durante casi cuatro días seguidos el centro neurálgico de la capital. Fue un error de bulto, como el que numerosos partidos políticos y medios de comunicación están cometiendo a la hora de frenar las aspiraciones del Movimiento 15M —acuñado por la prensa— al tratar de restar relevancia e importancia al hecho de que la gente haya tomado las calles para protestar no por nada específico sino por todo, en general, porque el país camina a la deriva y no se aprecia ninguna capacidad de reconducirlo por parte de quienes teóricamente deberían representarles. Representarnos. La decisión de la Junta Electoral era un ejemplo perfecto de la clase de comportamientos que han llevado a miles de personas a hartarse definitivamente en vísperas de unas elecciones: un alejamiento total de la realidad.

Las protestas que ocupan varias ciudades españolas al ritmo de acampadas improvisadas en la calle —en Zaragoza en la Plaza del Pilar, estuve esta mañana y estaré esta noche— tienen su origen en la incompetencia demostrada ampliamente de una buena parte de la clase política. Esta mañana frente al Ayuntamiento de Zaragoza no costaba ver, además de los acampados más fieles al movimiento —clásico perroflauta con barba y rastas, sí, pero con un grado de compromiso y conciencia social que ya quisieran para sí un montón de estudiantes mucho mejor vestidos y aseados de Derecho o Medicina—, a muchos señores de edad avanzada empatizar y relacionarse con los jóvenes alrededor de sus tiendas de campaña. En un momento, durante la preparación de la Asamblea que se celebrará en dos horas en Zaragoza, una señora increpó a una representante de los acampados señalando que todo aquello, las protestas, no eran sino un movimiento evidente por parte de un partido de adulterar las elecciones. O algo así, porque la fumada de la señora era tal que costaba prestarle atención.

Otra señora que le acompañaba le terminó diciendo: «Si no están coaccionando a nadie». Ambas señoras se marcharon discutiendo entre ellas. En pleno episodio de surrealismo patrio apareció otro señor, también de avanzada edad, bien vestido, con sombrero, americana color caqui y un pin con la bandera de España en la solapa. El tipo obvió la conversación que una de las acampadas estaba teniendo con las dos señoras y comenzó a explicar a todo el mundo —ya que se había formado un corrillo— que él era de derechas, de derechas y muy católico, pero que estaba plenamente a favor de lo que los jóvenes de toda España —diré «algunos jóvenes de toda España», para no ofender a los puristas— salieran a la calle y se quejaran de algo. Aunque fuera de algo. Otros señores comentaban entre ellos que esto está muy bien, pero que no son horas. Algunos otros, más alejados, opinaban que si los chavales no protestaban ahora cuándo narices iban a hacerlo. Mientras estaba en un extremo de la acampada junto a dos amigos se acercó una señora llevando el carrito con su nieta. Preguntó que qué hacíamos allí. Le expliqué en qué consistía la protesta, que era para exigir una democracia más limpia, una clase política más honesta y un futuro más próspero. Acto seguido dijo que le parecía perfecto y que qué podía hacer.

Le expliqué que podía pasar por un puesto en el que había un libro donde podía dejar su opinión sobre lo que estaba viendo con sus propios ojos. Diez minutos antes había estado ahí. De refilón pude ver como la mayoría de comentarios estaban escritos —porque quienes se acercaban a esas horas de la mañana en un día laborale eran únicamente ellos— jubilados. Para mi sorpresa todos empatizaban con las protestas. Es algo que debe costar asimilar a gente como César Vidal, Mayor Oreja o Esperanza Aguirre, que ven detrás de todos los movimientos sociales una mano negra que busca posicionar al electorado en contra del Partido Popular y del PSOE. También debe chocar a tertulianos mucho más moderados en las formas pero igual de cobardes en su interior que se ríen de los jóvenes que salen a la calle, llamándoles despectivamente antisistema y exigiendo que se retiren ya de Sol, porque es «inaceptable». Si quisieran entender lo que les dice el pueblo posiblemente entenderían las reivindicaciones. El Movimiento 15M va más allá de cuatro hippies del XXI fumando porros y pasando días sin ducharse mientras ensucian el mobiliario público. Lo que ahora se cuece en las calles es el puro reflejo del hartazgo.

Los medios internacionales se han hecho eco de la Spanish Revolution y de las acampadas que proliferan por toda España. En algunos lugares se habla de efecto contagio —quién sabe, pero por el momento faltan informaciones que puedan confirmarlo—. En general los sociólogos y politólogos que saben de lo que hablan —hoy en el TD1 de TVE, la cobertura en medios está siendo excelsa— interpretan las protestas como lo que son. Gente que se ha hartado. Una sociedad cansada de políticos de cartón pieda que viven alejados de la realidad, que realizan política ficción, sin escrúpulos, sin sentido de la practicidad, sin verdaderos objetivos de mejorar el mundo y el país en el que viven y que quieren gobernar. La política ya no es un medio, es un fin. De eso nos quejamos. Y es una temeridad acusar a quienes salen a la calle de menospreciar la profesión política porque precisamente se trata de todo lo contrario. Se sabe de la importancia de la política. Por eso lloramos su constante violación.

Lo llaman democracia y no lo es. Lo llaman cuatro vagos y maleantes y en realidad desoyen el grito de la sociedad.

P.D.

El Roto se supera. Y en #acampadazgz han impreso un folleto promocional de la actividad con su viñeta en el reverso.


Lectura recomendada | Escolar.net, Hugo Martínez Abarca (los dos así, en general, imprescindibles estos días) | Separando el grano de la paja (Jorge Galindo) | El fin de la partitocracia (Viajero a Ítaca) | #15M: una enmienda a la totalidad (Guerra Eterna)

miércoles, 18 de mayo de 2011

No deberían ser el enemigo

Anoche, en El Intermedio, un excelente programa satírico que desglosa semanalmente la actualidad política, un reportero acudió a un acto de Rosa Díez, líder de Unión Progreso y Democracia, llamado «Regeneración Democrática», en el que también se encontraba presente Mario Vargas Llosa, flamante premio Nobel de Literatura. La finalidad del reportero era poner de manifiesto que pese a las insistentes críticas que UPyD de la mano de Rosa Díez realiza a los principales partidos del país, en el fondo, no ya tanto el partido como ella misma, está compuesta del mismo material del que están hechos a quienes tanto trata de poner en evidencia. El método resultó la mar de sencillo: intentar preguntarle por qué ella, si tan diferente a los dos principales partidos del país, no responde tampoco a las preguntas de los periodistas.

La situación se tornó en ridícula cuando el reportero, una vez alcanzó a la líder del partido magenta, caminó varios metros preguntándole por qué no respondía a ninguna pregunta que planteara y que si eso no era algo contradictorio con las esperanzas de regenerar la democracia, puesto que no hay nada más democrático que un político responda a sus votantes en un medio de comunicación, puesto que debería ser su obligación, puesto que el electorado debería tener derecho a escuchar lo que sus representantes tienen que decir para saber en el futuro si desean votarles o no. Rosa Díez no soltó prenda. Se limitó a ladear la cabeza de un lado hacia otro, buscando el apoyo cómplice de alguno de sus acompañantes, posiblemente intentando localizar alguna excusa mediante la cual desenredar la embarazosa situación. El reportero se cansó, miró a la cámara, afirmó sin miramientos que los partidos pequeños cometen los mismos grandes errores que los partidos grandes y se largó dejando en evidencia a Díez.

Fue una breve pieza sin apenas relevancia e importancia, pero supuso una teatralización brutal, dolorosa y lamentable de cómo los políticos de hoy han perdido todo contacto y sentido con la realidad. Es probable que Rosa Díez estuviera en condiciones de responder a las preguntas del reportero de El Intermedio. Es mucho más probable que no se creyera en la obligación de hacerlo. La actitud de Rosa Díez, como la de tantos otros políticos, es reflejo de su absoluta creencia: los medios de comunicación están para sus intereses y no admiten injerencias externas. En realidad no creen en la libertad informativa. En realidad no creen que tengan que justificar sus actos. En realidad no creen que deban explicar a la gente cuáles son sus planes de gobierno más allá de dos o tres mítines muy airados. UPyD se presenta como una alternativa a los partidos de siempre, carcomidos por males endémicos que pervierten la democracia. Males como dar ruedas de prensa sin preguntas. En el fondo, cuando han tenido oportunidad, no han demostrado ser más cercanos, inteligentes, sinceros y reales que los demás. Son tan de cartón piedra como la mayoría de políticos que salen frente a las cámaras de televisión diariamente.

Hemos llegado a un punto de degradación del escenario político, de absoluta mediocridad, en el cual cuesta pensar en alguno de los representantes públicos como personas reales. Están demasiado maquillados en todos los sentidos, sus discursos nacen prefabricados, inflexibles, pobres en el contenido, adornados con ornamentación lírica, vacuos, eternos, estúpidos, a un tiempo maquiavélicos. Existe una percepción generalizada entre la mayor parte de las capas sociales de que los políticos y la ciudadanía son dos cosas completamente distintas, dos clases, dos tipos de personas, las unas privilegiadas y las otras no, y es una percepción no sólo errónea sino también peligrosísima porque los políticos nacen y mueren en la propia sociedad. Un político no es más ciudadano que usted o que yo. Creer que es un «o ellos o nosotros» es haber perdido por completo el sentido de lo que significa una democracia.

Por descontado, gran parte de la culpa de todo este proceso de supuesto enfrentamiento entre «clase» política y sociedad la tienen los propios políticos. Quizá si retomaran la sencillez que debiera caracterizarles, quizá si el Congreso no supusiera un espectáculo circense constante, quizá si los medios de comunicación cómplices no hubieran embarrado todo hasta el punto de la intoxicación permanente, quizá, decía, la sociedad se reconcilie y entienda que la democracia, este sistema, es un conjunto de obligaciones y responsabilidades por el bien común y no el mal menor que debemos afrontar para evitar la procrastinación, el marxismo y las orgías públicas.


Cuesta creerlo a estas alturas de la noche, casi un día después de que miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado entraran en la Puerta del Sol como un elefante en una chatarrería y disolvieran la acampada al sol surgida a raíz de las manifestaciones Democracia Real Ya del domingo 15 de mayo. Una manifestación pacífica, multitudinaria, sin apenas organización detrás, ha tomado la Puerta del Sol y no piensa abandonarla tan fácilmente. Si en Egipto pudieron es de suponer que en España también podemos. Entre tanto, el Gobierno ha enviado un mensaje muy esclarecedor: esto no está permitido, circulen, dispérsense, aquí no hay nada que ver. ¿Cómo explicar a nadie que la clase política no es un enemigo a batir? ¿Cómo viendo a Rosa Díez insular a sus votantes y a todo el electorado? ¿Cómo observando las imágenes del desalojo de la acampada en la Puerta del Sol? Si los políticos no comienzan a darse cuenta de sus continuos errores el problema les terminará estallando en la cara. Y no será divertido.

Imagen | Periodismo Humano

lunes, 16 de mayo de 2011

Dinamarca pone patas arriba la Unión Europea

El problema de votar a la ultraderecha es que termina haciendo cosas de ultraderecha. O en su defecto obligando a sus socios de gobierno a hacer cosas de ultraderecha. Así las cosas, Dinamarca, un pequeño país del norte de Europa cuyas fronteras naturales se resumen en un puente con Suecia y unos cuantos kilómetros con Alemania, hacía tambalear los cimientos de la Unión Europea la semana pasada informando de sus airadas intenciones de abandonar el Espacio Schengen, o lo que es lo mismo, de reintroducir controles aduaneros en sus fronteras. De cómo Dinamarca, cuyos vecinos son dos de los Estados con el mayor nivel de vida y el menor índice de criminalidad del planeta, ha llegado a tomar tamaña decisión depende, en tanto a la capacidad de todos los europeos de evitarlo, el futuro próximo de la Unión Europea.

En Dinamarca, como en una buena parte de los países nórdicos, están extremadamente preocupados por la inmigración —ahí está el reciente ejemplo de Finlandia y los Auténticos Finlandeses, partido de extrema derecha que ha conseguido que en un país con apenas 100.000 inmigrantes el problema de los residentes no comunitarios haya capitalizado unas elecciones generales—. Es decir, preocupados de verdad. Realmente no quieren ver más inmigrantes en sus respectivos países fríos, desangelados, altos, rubios y celosamente prósperos. Así que ejerciendo un sano hábito democrático se han pegado la última década votando al Partido Popular Danés —o Partido del Pueblo Danés—, cuyas principales reivindicaciones rotan en torno al control del flujo migratorio y a otros temas muy en la onda —como su miedo atroz por todo lo relacionado con el Islam—. En las pasadas elecciones legislativas danesas el Dansk Folkeparti obtuvo casi medio millón de votos, lo que a efectos parlamentarios le convirtió en la tercera fuerza política del país —un 13'8% del total—. Gracias a la multitud de partidos que pueblan el espectro político danés, el Dansk Folkeparti lleva muchos años siendo una pieza clave en las alianzas parlamentarias con el Venstre, el partido más votado de Dinamarca.

Y llegó la crisis. Y con ella la necesidad de acometer reformas estructurales que mejoren la perspectiva económica del país danés —ya ven, el sueldo mínimo más alto del planeta, una mano de obra hipercualificada y una tasa de paro del 7'9%, dos puntos por debajo de la media europea—. Como es menester en Europa, la crisis se soluciona recortando el gasto público. Objetivo: las pensiones. ¿Y cómo reformar las pensiones si no tengo una mayoría parlamentaria que me permita hacerlo por mi cuenta? Pactando. ¿Y cuál es el problema de pactar? Que mi querido socio de Gobierno no será nada altruista en sus propósitos y exigirá algo a cambio. ¿Y qué suelen exigir partidos de extrema derecha a cambio de una apoyo fervoroso al partido gobernante de turno? Medidas de extrema derecha. Así que volvemos al principio del artículo. Dinamarca anuncia que quiere mandar al garete Schengen.

No es de extrañar que haya sido precisamente Dinamarca el primer país en mostrarse abiertamente insatisfecho con la política fronteriza de la Unión. A principios de la década ya rechazaron entrar en el euro. Es decir, su compromiso con la Unión es más que dudable, al igual que el de los siempre inefables británicos. Precisamente el caso danés ejemplifica como pocos cómo la crisis económica ha hecho aflorar los sentimientos más profundos y oscuros de muchos europeos. En situaciones de necesidad siempre es útil buscar un blanco fácil. Y no hay nada más moralmente reprobable pero al mismo tiempo sencillo que cargar las tintas conra los inmigrantes, fuente de toda conducta pecaminosa, procrastinación, absolutismo religioso y desorden generalizado. Los partidos de ultraderecha siempre estuvieron ahí —en el recuerdo Le Pen y su Frente Nacional, del que ahora mismo hablaremos—, pero ahora han sabido hacerse eco de los problemas de sus conciudadanos. Les dieron algo contra lo que estampar su rabia. Y Schengen voló por los aires.

Schengen, por cierto, es el logro más tangible de la Unión Europea. Gracias a dicho tratado, cualquier ciudadano de cualquier país de la Unión Europea puede desplazarse a otro país sin necesidad de pasar un control fronterizo, enseñar su pasaporte y verse examinado por indiscretos policías aduaneros. A efectos prácticos facilita un montón la movilidad ciudadana —con todo lo que ello significa para el turismo, hola, España— y, en otro orden mucho menos prosaico para el ciudadano de a pie, otro tipo de movimientos económicos internacionales —directamente relacionados con la exportación, hola, Alemania—. Desde Schengen no hay fronteras. Dinamarca, cuyo volumen de inmigración es ridículo en comparación con España o Italia, se ha propuesto eliminar este estúpido avance europeo gracias a su apoyo nada velado a partidos xenófobos.

En realidad Dinamarca ha sido el primer país en anunciarlo, pero previamente Sarkozy y Berlusconi, respectivos líderes políticos de Francia e Italia, ya habían dejado entrever que a lo mejor, quizá, posiblemente, era conveniente reformar Schengen para evitar que, por ejemplo, 20.000 tunecinos camparan a sus anchas entre Turín y Lyon, como si tuvieran tantos derechos como los honorables franceses e italianos. Tras la primavera árabe se ha producido un auténtico desmadre migratorio en Túnez, Libia o Egipto, lo que ha molestado particularmente a Italia. En un acto intrínsecamente italiano, al conocer que había un puñado de norafricanos desembarcando en sus costas del sur, el ministro Interior del país transalpino, que milita en otro simpático partido ultraderechista llamado Liga Norte, decidió, grosso modosubirlos a un tren y enviarlos a Francia —«la gran mayoría de los inmigrantes quiere reunirse con sus allegados en Francia o en otros países europeos», dijo Maroni, el muy cachondo—. A Sarkozy, cuya popularidad cae en picado de cara a las próximas presidenciales francesas en favor de la hija de Le Pen y su Frente Nacional, otro maravilloso ejemplo de tarados con pinta de gente sensata, no le gustó nada ésto último y denegó la entrada de los tunecinos provenientes de Italia.

Así las cosas Sarkozy y Berlusconi entendieron que unos cuantos tunecinos no podían ocultar todo lo que les unía, que no era poco: un deseo siempre expreso de controlar la llegada de inmigrantes a sus respectivos países. En Europa se armó un gran revuelo. También en Dinamarca. Desde Bruselas se han escuchado voces muy críticas al respecto. Es posible que Dinamarca debiera ser expulsada de la UE si incumpliera Schengen, que además permite establecer controles aduaneros excepcionales siempre y cuando se notifique el motivo y el periodo de control —una opción pensada para situaciones como las que han tenido que afrontar Italia o Francia—. Ésto último es menos relevante que la lectura general que todos podemos realizar del problema: distamos mucho de ser una unión y distamos aún más de ser un continente tolerante, democrático y comprensivo.

España ha criticado la posibilidad de que Dinamarca abandone Schengen. Cabe preguntarse qué harían los países nórdicos —cuya tolerancia legendaria comienza a demostrarse como un auténtico mito del mundo contemporáneo— en caso de tener una frontera externa a la Unión con países netamente inferiores en términos económicos —Alemania, uy, qué problema de integración y de orden público es capaz de causar un señor de Hamburgo en Copenaghe—. Supongo que estarían levantando ya muros electrificados. No se adivina una solución aparente al lío en el que Dinamarca ha introducido al resto de países de la Unión Europea. Es de suponer que Francia e Italia no presentarán ninguna queja formal. Tampoco cabe esperar gran cosa de países como Suecia, Finlandia o Países Bajos. En Gran Bretaña no son particularmente xenófobos, pero son ingleses, de natural euroescépticos. Grecia anda demasiado ocupada con sus cosas. Probablemente sean Alemania, España y los países de Europa del Este recién incorporados a la Unión —aunque de éstos últimos cabe esperarse cualquier bizarrada— quienes tengan que advertir sobre los riesgos evidentes que supone eliminar, aunque sea parcialmente, Schengen.

Lo cual no es nada alentador. La Unión Europea sólo sobrevivirá si todos quieren que sobreviva. Y no parece que, actualmente, sea el caso.

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