Por primera vez, las protestas del 15-M han llegado hasta dentro del Congreso y han salido con una acuerdo unánime de todos los partidos. Con un acuerdo de mínimos, pero con una inusual unanimidad (...)
La moción final insta al Gobierno a recuperar el proyecto de ley de transparencia y en ese trámite "examinar las medidas que sean necesarias para profundizar en la democracia y la participación política, además de la transparencia y control de las instituciones democráticas".
Es moderado en tanto que se trata de un acuerdo, no vinculante y que podría quedar en papel mojado. Observando la reciente trayectoria del Congreso en materia de transparencia informativa no es una opción descabellada. Es un éxito porque por primera vez el #15M obtiene resonancia más allá de las redes sociales y de su incontestable capacidad de movilización. Nada menos que en el Congreso, tradicional foco de las iras de la mayor parte de los ciudadanos por debatir amargamente durante horas temas que les son absolutamente inútiles. Como lo malo que es uno y lo bueno que es otro, o sea, yo. ¿Entiende?
El consenso de mínimos alcanzado por el Congreso llega tras las masivas manifestaciones del pasado domingo, el 19 de junio, en la segunda oleada de manifestaciones convocadas por Democracia Real Ya, que han vuelto a superar las expectativas más optimistas. En Barcelona se reunieron más de 50.000 personas. En Madrid más de 40.000. En Zaragoza las cifras oficiales rondaron las 20.000. Quizá sean algo exageradas. O no: cuando la cabeza de la manifestación alcanzaba la Plaza del Pilar aún quedaba gente en Plaza España. Los periódicos, como es habitual, ofrecieron distintas versiones de lo ocurrido sin llegar a un consenso claro sobre el número total de manifestantes. Sea como fuere, mucha gente.
De toda condición, al menos en Zaragoza. La estampa que ofrecía la ciudad quedaba lejos de la imagen perroflauta, desaliñada, juerguista y violenta que los medios conservadores se han dedicado a propagar a los cuatro vientos durante el último mes —un fuego avivado por los sucesos de Barcelona—. Había familias enteras en la concentración, de todo tipo de clase, edad y condición. Las manifestaciones no representan al conjunto de la sociedad española, pero se parecen bastante a ella.
En Zaragoza se produjo un particular suceso. Tras la manifestación un millar de personas se mantuvo en la Plaza del Pilar tras recibir instrucciones del grupo de acampados que ese mismo día tenía previsto abandonar la plaza. Afirmaron que conducirían a los que quisieran al nuevo centro de organización del movimiento en la ciudad, bautizado con el nombre de El Paragüas, símbolo del #15M desde que un día —antes de las elecciones— se convocara una reunión en la incipiente acampa en la que todo el mundo portara el citado objeto para evitar el chaparrón que estaba cayendo. Metafóricamente.
Una hora después de que finalizara la manifestación de DRY el millar de personas llegaba a la calle La Gasca. Allí se descubría el misterio: un edificio abandonado por La Caixa durante más de un lustro en el centro de la ciudad había sido ocupado dos días antes con objeto de servir de sede social del movimiento. Se leyó un comunicado explicando las razones que habían llevado a la ocupación —rehabilitación—. A excepción de un hombre particularmente molesto con la idea nadie de los allí presentes objetó nada al respecto. Se colgó el símbolo de la #acampadazgz y a día de hoy sigue operativo. La policía sólo evacuará el edificio si se produce una denuncia por parte de propietario, Servihabitat, de La Caixa, cosa que aún no ha ocurrido. Y que posiblemente no ocurra hasta que la popularidad del movimiento se reduzca ostensiblemente.
Si en Intereconomía se llegan a enterar de esto dejan en auténtico chiste el siguiente vídeo:
Otro medio de comunicación bastante alterado con motivo de las movilizaciones ciudadanas es La Razón. Ayer publicaba esta portada asociando indiscriminadamente a ETA y a los indignados del #15M. Porque, a estas alturas, todo vale en el periodismo.
Los motivos que han provocado semejante nerviosismo en la prensa conservadora son aún un misterio. Algunos de ellos apuntan a que todo es culpa de Rubalcaba, que llama individualmente a todos los manifestantes para cerciorarse de que saldrán a la calle bajo condena a trabajos forzosos en el páramo extremeño. Sí, lo hace desde Villa Maldad. Algunos otros lo interpretan como un ataque sin paliativos a la democracia. Sí, son los demócratas de toda la vida, cuya máquina de expedir carnéts de demócratas está durante estas semanas on fire. La mayor parte de ellos son unos simples reaccionarios temerosos de que algo cambie. Porque si algo tiene que cambiar es para que todo siga igual.
El #15M cumplió recientemente un mes. Y es evidente que no ha terminado. De hecho, acaba de empezar.

